Reflexiones creativas: Exploradores
Oriol Villar, director creativo ejecutivo de Villarrosàs, crítica la falta de originalidad de algunos publicitarios
23 de marzo 2008
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| Oriol Villar- director general creativo de Villarrosás |
Hace demasiados meses que salimos del Cabo de Finisterre. El ansia de aventura y el deseo de poder explorar tierras jamás pisadas por otros hombres nos dieron la valentía suficiente para zarpar sin un rumbo establecido.
Pero varias semanas atrás el Dignity se hundió bajo nuestros pies, aunque tuvo la generosidad de proporcionarnos algunos maderos rotos sobre los que flotar y cuatro barriles de ron en los que guardar los víveres que pudimos rescatar antes del naufragio. Desde entonces nuestros cansados brazos y un par de piernas ya agotadas hace tiempo son nuestro único método de propulsión. Estamos cruzando a nado el océano.
Parece que milagrosamente nuestro código genético haya sido reprogramado, produciendo en nuestro organismo algún inexplicable sistema de defensa contra el frío, ya que nos hemos habituado perfectamente a los 14 grados de temperatura del agua. Sin embargo los dedos de los pies de algunos de nosotros empiezan a mostrar una tonalidad sospechosamente oscura.
Ha desaparecido la tormenta que nos había acompañado durante los últimos días de travesía. Lo más preocupante no ha sido precisamente la lluvia. De hecho, la recibimos como un regalo divino que endulzaba milagrosamente nuestro calvario. Los nubarrones siempre presentes nos han impedido localizar en la noche a la Estrella Polar. Debido a ello, ahora ignoramos por completo dónde está el norte, por no saber, no sabemos ni dónde estamos nosotros.
Hoy, el tremendo oleaje ha sido sustituido por la calma total. El agua ha dejado de rugir su discurso amenazador de los últimos días. Ahora el sol fuerte del mediodía calienta un poco nuestros cuerpos. Y es ese agradable calorcito el que provoca muy lentamente que todo el grupo se vaya despertando con una sensación parecida a la de esos domingos en tierra. Pero no huele al suavizante de las sábanas y rápidamente recobramos la consciencia. Las legañas de nuestros ojos hacen que la primera visión del día sea aún más desenfocada de lo normal. Pero sí podemos apreciar que el azul ya no es el color predominante. Ligeros tonos verdes y marrones asoman en la lejanía del cuadro que contemplamos.
Por fin vemos tierra. Las corrientes nos han traído hasta una pequeña isla del trópico. Desde nuestra posición, a unas diez millas, podemos divisar la blanca arena de la playa, junto a un extenso manglar, tras el cual asoma con vehemencia un gigantesco monte. A juzgar por el humo que se desprende de su cima, pensamos que se trata de un volcán todavía activo.
Tiburones
Las muestras de alegría no tardan en aparecer entre los miembros de la tripulación. Las piernas recobran fuerza, soltamos los vestigios del Dignity y salimos escopeteados hacia nuestro premio utilizando todas las extremidades de nuestro cuerpo para desplazarnos más deprisa. Los gritos de celebración y el intenso chapoteo alborotador y desorganizado de cincuenta hombres desesperados llaman la atención de un banco de tiburones toro y hammerheads que descansaban en el arrecife. Como si de un terrorífico sorteo se tratara, varios de mis compañeros van cayendo al azar. Los escualos se limitan a seccionarlos como expertos carniceros. Los que conseguimos no perder la concentración avanzamos entre un mar de color rojo intenso.
Sólo doce de nosotros conseguimos poner nuestras rodillas en la arena. El resto ha caído. Durante las próximas horas nadie pronunciará una sola palabra. Simplemente nos quedamos inmóviles, intentando comprender el dolor y el cansancio sufrido durante los últimos doscientos ochenta y cuatro días, la pérdida aún reciente de treinta y ocho de nuestros compañeros.
Pero estamos aquí en un lugar inhóspito, alejado de cualquier marca en el mapa. Los árboles inclasificables y la geografía irreconocible del lugar nos confirman que hemos logrado nuestro objetivo. Nos encontramos en una tierra desconocida por el hombre y en el fondo, aunque nos cueste paliar el dolor del impuesto que hemos tenido que pagar, una gran satisfacción hincha nuestros pulmones aún demasiado salados. Somos exploradores y hemos descubierto un nuevo territorio.
Utilizar el test incorrectamente, hacer maquetas con imágenes que ya existen para vender más fácilmente una idea en un concurso injusto o copiar lo que hacen los demás, ya sea por que son líderes de sus mercados o porque ganan premios en festivales de publicidad, es como comprar un billete de avión en una agencia de viajes para ir a Playa Bávaro. Es más cómodo, más barato y más rápido. El único problema es que mucha gente antes que tú ya ha estado allí.



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