miércoles, 22 de agosto de 2018

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Reflexiones creativas: Graznidos

Carlos Holemans

29 de octubre 2009

La editorial E+F ha tenido la amabilidad de hacerme llegar un librito de Espido Freire titulado Cuentos malvados.

Se trata de brevísimos chispazos de menos de cincuenta palabras, sintéticos microcuentos que encierran la energía narrativa de un átomo en división.

Por si eso fuera poco, la escritora nos obsequia, a los redactores publicitarios, con el inmerecido halago de decirse influenciada por nuestro trabajo. Imagino que se refiere a esa sádica disciplina, perfeccionada por décadas de práctica, de conseguir que el espectador lea mucho más que lo que está escrito, siempre forzosamente breve.

El dolor de escribir con tijera se ve recompensado por el deslumbramiento que, en contadas ocasiones, provocamos en el espectador. O, por lo menos, así era cuando Espido Freire todavía tenía un televisor. Porque sospecho que hace ya mucho tiempo que no ve un bloque de publicidad.

Sequedad vaginal, talones agrietados, exceso de cerumen, pérdidas accidentales (como si hubiera otras) de orina, hemorroides, gases, flatos y meteorismos. No quiero ni imaginar cómo serían los microcuentos de Espido Freire si volviera a tener televisor.

Renuncio a comprender por qué los bloques de publicidad se parecen hoy a los periódicos de principios del siglo XX, con sus anuncios de bragueros para herniados, remedios para el estreñimiento tenaz, gomas y lavajes.

Habrá un millón de causas, pero lo que me preocupa no son las causas sino los efectos.

Las marcas no nos pagan por explicar cómo son sus productos. Eso -a la vista está- puede hacerlo cualquiera. Las marcas nos necesitan porque necesitan dotarse de una voz.

Una voz no sólo única, sino consistente, reconocible y, por encima de todo, siempre interesante, siempre sorprendente y grata de escuchar.

Pondré un ejemplo ornitológico. En las colonias de gaviotas, cada una reconoce el graznido de su polluelo, único e inconfundible por encima del griterío de otros diez mil pollos, idénticos en aspecto y decibelios.

Para ellos, una voz única es esencial para ser encontrados, alimentados y sobrevivir.

Para las marcas, no es demasiado distinto.

Construir esa voz inconfundible es por lo que las marcas nos buscan y nos pagan.

Como bien sabemos los que bailamos mal, sin una buena conversación no hay seducción posible.

Lo que hay es sequedad vaginal.

photoconhache@anuncios.com

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