viernes, 20 de julio de 2018

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Cillit Fan

23 de julio 2007
José Gamo
Y a mí que me pone lo de Cillit Bang…

La suciedad se va en un ¡bang! y yo me quedo patidifuso frente al televisor. Casi me he aprendido la letra de memoria (muchas gracias, señores anunciantes, por tener la deslumbrante idea de incluir un karaoke en el comercial, así resulta todo mucho más cómodo y sencillo) y me parece absolutamente brillante el plano final del Hombre de Cillit, soplando el spray del envase a lo Harry el Sucio. 

No hay ironía en mis palabras. Juro que me parece un anuncio genial. 

Estaba a punto de hacérmelo mirar pero, mira tú por dónde, me pongo a buscar en Google y descubro que Cillit Bang es todo un fenómeno mediático en el Reino Unido, de donde es originaria la campaña, creada por JWT. 

Por suerte, no estoy solo. Hordas de fans se han dedicado a crear páginas de homenaje al Cillit Bang y Barry Scott, el personaje de ficción creado para presentar el anuncio (desconozco cómo se llama el de aquí, pero me gustaría saberlo), se ha convertido en una celebridad parodiada y adorada a partes iguales. Pueden conseguirse camisetas con “Hi, my name is Barry Scott” y la imagen del presentador por 10 libras. Otras, un poco más de diseño que estaban a la venta en Ebay se agotaron hace tiempo. Y también existe un grupo musical en Londres denominado Barry Scott and the Cillit Band, que compone y canta temas como La Navidad es una mierda, entre otras joyas musicales. 

Si se teclea Cillit Bang en Youtube aparecen centenares de parodias del anuncio creadas por los fervientes espectadores (Cillit Bang, the movie, por ejemplo), aunque la verdadera estrella de toda esta avalancha de Contenido Generado por Consumidores es, sin duda, el Hardcore cleaner Remix, obra de Jakazid, uno de esos up-loaders de alcoba que se hacen famosos de la noche a la mañana. El vídeo con la versión remix ha sido visto más de un millón de veces y el tema alcanzó el número 3 en la lista indie de la BBC. Lo más impresionante es que nada de esto ha sido pagado ni encargado por Reckitt Benckiser, fabricante del limpiador. Todo lo más que hicieron, en vista del éxito, fue crear un blog de Barry Scott, aunque tuvieron que retirarlo cuando del amigo Barry cobró vida propia y comenzó a interactuar en foros personales, dando consejos a tipos que pasaban por momentos personales difíciles y provocando un considerable escándalo en la prensa, aunque ésa es otra historia (absolutamente real, por cierto). 

El caso de Cillit Bang, con su punto de cultura basura y publicidad trash, me recuerda otros como el de las archifamosas Duct Tape, que cuentan con legiones de fans dedicados en cuerpo y alma a inventar nuevos e inverosímiles usos para la cinta adhesiva de Henkel (véanse en internet las aventuras de The Duct Tape Guys o todo lo relacionado con el The Avon Heritage Duct Tape Festival, por ejemplo). O el más reciente de las batidoras Blendtec, cuyas demostraciones “Will it blend?” arrastran a un tropel de fieles entusiastas que las siguen en la red como si del siguiente capítulo de Lost se tratara (se acaban de cargar un iPhone, por cierto).

‘Frikismo’ 
¿A qué se deberá esta corriente de pensamiento, llamémoslo así, que entroniza campañas objetivamente deleznables? ¿Por qué anuncios que hacen arrugar el morro a los creativos de paladar fino se granjean la simpatía de los consumidores, que los reciben alborozados y los incorporan a su acervo cultural de andar por casa? ¿Será que la gente está harta de sofisticaciones vacías de contenido (por Dios, que alguien me explique los últimos anuncios de BMW) y de publicidad que se quiere hacer pasar por lo que no es? ¿Nos habremos pasado de listos? Quizá los espectadores no esperan de los anuncios filosofía barata ni pedantería visual. A lo mejor los espectadores saben que la publicidad es, por definición, esa cosa chusca que interrumpe los programas de la tele y agradecen que se presente tal cual es, sin tapujos, y haciendo lo que debe hacer, o sea, intentar venderles una cabra. Cuando la campaña de Cillit Bang aparece en medio de un bloque derramando colorinchis, rapeando sin complejos y orgullosa de su frikismo, se gana al consumidor. La campaña de Cillit Bang cumple con su trabajo con honestidad. Yo ya me he bajado el politono.

josegamo@anuncios.com

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