domingo, 21 de enero de 2018

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Narración, pelucas, orgasmos compartidos y miedo a cagarla

Mesa redonda sobre publicidad y cine en el Guggenheim

Mayo 2015

 

“El elemento narrativo es principal factor común entre el mundo del cine y el de la publicidad audiovisual”, aunque a mí, al principio de empezar a hacer trabajos publicitarios, me chocaba mucho que a los spots los llamaran películas”, según expresó el director Borja Cobeaga al principio de la mesa redonda Cine y Publicidad. Paralelismo creativo que tuvo lugar en el Museo Guggenheim. En él participaron, además de Cobeaga. Luis Miguel Messianu, presidente y director general creativo de Alma DDB, y el director Kike Maíllo. El moderador fue Manuel García, presidente de Productoras de Cine Publicitario. A lo largo de la charla ambos directores manifestaron sentirse en general muy cómodos trabajando en proyectos publicitarios.

Maílo comentó en su primera intervención que “en los 90 el cine vivió más de la estética, estilo de montaje e iluminación de la publicidad, que entonces eran muy contundentes y se copiaron. Ahora sucede un poco al contrario. En publicidad se tiende más a contar historias y eso hace que mire al cine más que antes. A veces la historia es más importante que el propio producto.

“El cine pasa por tendencias y modas, como la publicidad, señaló Messianu, “aunque entre ambos mundos hay muchas similitudes entre otras la obligación de vender, productos en un caso, entradas en el otro”.

Cuando el moderador planteó el tema de la libertad creativa (o no) en trabajos publicitarios, Cobeaga dijo: “Depende del proyecto. Cuando nos llaman a los directores para hacer publicidad piensan que vamos a adoptar actitudes de divo, que no vamos a estar a favor de obra. Pero en cine también trabajamos para un cliente. Concretamente el mío es Paolo Vasile [consejero delegado de Mediaset]. Por ejemplo, hubo una serie cuyo rodaje se paralizó porque la peluca de un personaje no le gustaba a Vasile. Por otro lado, en el caso de que hagas una película con ambición popular, la libertad creativa también se constriñe mucho”.

“Hay muchos cines y muchas publicidades”, dijo Maíllo. Hay un cine muy libre yotro muy constreñido. Una cosa que envidio de la publicidad es el briefing. El briefing marca un fin al que llegar. En cine, en cambio, el briefing puede surgir a los seis u ocho meses de haber comenzado un proyecto. El acto creativo en cine es muchas veces desesperante. A veces se hace cine simplemente porque te parece que una historia merece ser contada, y eso en publicidad no pasa”.

Hablando sobre el reparto de autoría en un spot entre creativo y realizador, Messianu comentó, aludiendo a que la colaboración puede ser fructífera y a que el director puede elevar el guion del creativo, que “debes aceptar que puedes tener orgasmos con los genitales de otro. Los mejores trabajos publicitarios son los que surgen de una buena colaboración entre ambas

partes”. Cobeaga habló de una situación paradójica que a veces se produce: “Se supone que si se llama a un cineasta [para dirigir un spot] es para que plasme en él el estilo del cine que hace. Pero sucede que cuanto más quieres hacer eso, cuanto más te implicas, más quieren quitar lo que es más tuyo. Yo he tenido delante a gente explicándome cuál es mi estilo de cine. Al final, uno apela a su profesionalidad.

“En el cine”, comentó Maíllo, “mandan los productores y los directores. En publicidad mandan los guionistas y entiendes y aceptas todos los filtros por los que tiene que para un guión antes de ser aprobado”.

Para terminar la charla, el moderador preguntó a Maíllo y Cobeaga que es lo que más les gustaba del trabajo de realización publicitaria, y a Messianu del cine . “De la publicidad me gustan los presupuestos”, dijo Maíllo, “me gusta que rodar bien no sea un problema”. A mí, señaló Cobeaga, “me gusta la inmediatez, el poco tiempo que transcurre entre el inicio y el final del proyecto. En cine todo se alarga mucho y si la cosa no avanza se puede generar un gran problema”. Messianu comentó que “lo que más envicio del cine es el tamaño del lienzo: la libertad, el metraje, el ritmo, los silencios”.

Interrogados sobre lo negativo, Maíllo dijo que una cosa que le cuesta aceptar de la publicidad es que no hay espacio para lo inesperado, para buscar cosas que no se sabe si se van a encontrar. “A mí lo que menos me gusta es la total inseguridad de mucha de la gente que tiene que decidir sobre el asunto. Ese ‘miedo a cagarla’ pasa mucho más en publicidad que en cine”.

En un plano más concreto, Cobeaga dijo que le llama la atención en relativo poco cuidado que se tiene en publicidad con el sonido, cuando hay un enorme detallismo en otras cuestiones. “El mundo del doblaje es un ‘temazo’ en publicidad, dijo Maíllo. “Yo he llegado a doblar cáras ocultas porque el tipo no decía la marca, apostilló con humos Borja Cobeaga.

Para terminar, los participantes estuvieron de acuerdo en otra cosa quew comparten la publicidad y el cine es la abundancia de cócteles



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