jueves, 22 de febrero de 2018

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360. (La libertad)

Las historias más allá de los spots, por Víctor Blanco

29 de enero 2018

Nunca pensó que matar pudiera resultar tan fácil. Por lo menos, no para él. Tenía 54 años, colon irritable y jamás le pedía al camarero que le cambiase el tenedor si estaba sucio. Pero en un gran número de ocasiones los asesinos resultan ser personas que nadie espera.

Siempre que ocurre un asesinato en un barrio las noticias se llenan de hordas de vecinos diciendo frases del tipo: La verdad es que era un chico muy normal, de aquí, de toda la vida. No lo entiendo, no sé cómo ha podido pasar, era una persona muy amable y atenta. Una tragedia, hija mía, sus padres son muy conocidos aquí, en el pueblo. Todos hablan del asesino en pasado. Dicen era amable en lugar de es amable. Se sienten débiles, torpes, vulnerables, engañados. El asesinato no es lo importante. La víctima no es lo importante. Porque las verdaderas víctimas son ellos mismos, los vecinos, y el único crimen es la traición. Como si a un asesino se le permitiera de todo menos ser normal.

Pero así era Toni. Normal. Completamente normal. Una persona cívica y amable que un día, para su propia sorpresa y la de todos se carga a alguien.

El asesinato no había sido premeditado. La justicia lo llamaría homicidio involuntario. Un empujón (mal o bien dado, dependiendo de cómo se mire) fruto de una rabia acumulada durante quince años había acabado con la vida de su jefe, cuyo cuerpo se descomponía lentamente en el maletero del coche.

Toni llevaba cerca de dos horas conduciendo. Y aunque ya casi se había acostumbrado al ácido hedor que impregnaba el interior del vehículo, continuaba con las dos ventanillas bajadas. Su mano derecha agarraba con firmeza el volante poniendo rumbo hacia cualquier lugar, siempre en dirección hacia lo inevitable. Su mano izquierda asomaba por la ventanilla, dejándose llevar, bailando con el aire, sintiendo cómo las suaves caricias del viento en la piel movían todos y cada uno de los pelos de su brazo.

Y aunque sabía que le quedaban pocas horas de libertad, que antes o después alguien se daría cuenta y le acabarían encontrando, Toni jamás se había sentido tan libre.

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