• 18 de Diciembre

    Decía anteayer la presidenta de los anunciantes espñoles que a lo mejor había que pensar en un día sin publicidad. Bueno, tal vez. Pero, humildemente, este su seguro bloguero apuntaría una propuesta distinta:...

  • Decía anteayer la presidenta de los anunciantes espñoles que a lo mejor había que pensar en un día sin publicidad. Bueno, tal vez. Pero, humildemente, este su seguro bloguero apuntaría una propuesta distinta: apuéstese por un día sin lo que paga la publicidad. Porque al final el argumento facilón de la vice -«la gente no quiere publicidad»- es tan simplón e infantil como cuando intento que mis hijas coman lechuga. Claro que preferirían no hacerlo y darle al ketchup, pero a base de paciencia, educación y mano izquierda, comen lechuga, tomate y, a veces, hasta ketchup. La publicidad molesta por al menos uno de dos motivos: por una cuestión ideológica -cosa que reune a una parte de la sociedad- o porque hace perder el tiempo que queríamos dedicar a otra cosa -cosa que reune al total de la población-. En este segundo caso no es inquina antipublicitaria, no equivoquen sus sentimientos: es inquina ante quien malgasta nuestro tiempo porque mentalmente ya lo teníamos estructuradio y asignado a lo que fuera. Por tanto, ¿tiene sentido un día sin publicidad? No lo tengo nada claro: a los ideologizados les importará un pito y harán fiesta del tema; a los que deseen salvaguardar su tiempo les parecerá todavía más genial. Conclusión: ni se les […]

      • Autor
      • Jaime Agulló Amorós