• Manzanas contra elefantes.

    Estas navidades he tenido que hacer algo en contra de mis principios: admitir un pc en casa. Sí, lo hice obligado, mi hija mayor quería un diez pulgadas y Apple todavía no lo tiene. Lástima. Que conste que lo...

  • Estas navidades he tenido que hacer algo en contra de mis principios: admitir un pc en casa. Sí, lo hice obligado, mi hija mayor quería un diez pulgadas y Apple todavía no lo tiene. Lástima. Que conste que lo hice por amor, de no ser así nunca lo hubiera permitido. Yo imaginaba ya una vida larga en la que siempre hubiese ordenadores con manzanas en cualquier parte de la casa, una vida sencilla y feliz rodeada de caras amigas. Pero no, ahora tengo que sentarme con mi hija y quedarme contemplando ese sistema operativo que desconozco y que me produce rechazo y desconfianza. ¿Dónde está la papelera? ¿A dónde van los documentos que descargas de Internet? ¿Por qué las teclas son tan raras y tienen nombres de aviones de combate pasados de moda? Reconozco que las costumbres tranquilizan. Sentarse y encender un ordenador con el que has crecido es como hablar con un amigo. Cuando lo hago, en la agencia o en casa, sé lo que me voy a encontrar, todo va a ser una conversación con los ojos cerrados, un dueto acompasado en el que no hay que hacer nada para mantener el tipo. Recuerdo mi primer Macintosh Classic que parecía una pecera o uno de esos monitores que […]

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      • luisacebesnavarro@gmail.com