• Sufro cansancio corporativo.

    Confiaba en que el marketing social fuese mi tabla de salvación en medio de esta absurda y pegajosa marea de mensajes y actitudes corporativas que han impregnado la vida privada de las personas. Pase que los...

  • Confiaba en que el marketing social fuese mi tabla de salvación en medio de esta absurda y pegajosa marea de mensajes y actitudes corporativas que han impregnado la vida privada de las personas. Pase que los botes de Actimel hayan ocupado el hueco que dejaron los viejos médicos de cabecera y que desde su corta altura de envase de plástico pregonen las bondades de una nueva vida con partículas que mejoran las defensas, pero que las personas empiecen a comportarse como marcas de andar por casa es preocupante. El otro día escuché a una madre decirle a su hijo de ocho años que iba a cambiar su timing de ocio, a lo que el niño pensaría que: a) su madre es imbécil, b) el mundo sufre cansancio corporativo. Cierto que en todas las épocas los estúpidos se han amparado en cualquier corriente para afianzar sus posiciones (estúpidas, obviamente) de cara al mundo y su autocomplacencia. ¿Mejorará Actimel mis defensas contra el mundo que me rodea? He de ponerme en contacto con el servicio de atención al cliente de la marca para que me saque de dudas. Ni los grupos sociales ni la publicidad que puebla mi red ni las acciones especiales de las que siempre se esperan nuevos soplos de […]

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      • luisacebesnavarro@gmail.com