• 29 de Junio

    Lo más cerca que servidor ha estado de ser abogado fue la época en que me aficioné a «Juzgado de Guardia», aquella serie terrible en la que el juez era fan de la Monroe y el fiscal admirador de Nixon....

  • Lo más cerca que servidor ha estado de ser abogado fue la época en que me aficioné a «Juzgado de Guardia», aquella serie terrible en la que el juez era fan de la Monroe y el fiscal admirador de Nixon. Aun así, debo reconocer que la cosa legal tiene encantos ocultos y sugerentes. Uno de ellos es la riqueza de su lenguaje, ese mundo de partes contratantes, dolos, habeas y demás palabrejas. Una de mis preferidas es la baja temeraria, cosa legal o seudo legal que aplica cuando alguien se tira a la piscina procurando pasarse la tozuda realidad del coste de las cosas por el menos elevado de todos los arcos del triunfo posibles. Así va la cosa en ocasiones: valor el que sea, pero precio precio, el mínimo posible. Claro, luego vienen los lamentos, los arreglos de fontanería con papel de plata y el papel del maestro armero como portavoz de muchos desaguisados. Viene esta reflexión a cuenta de lo comentado ayer, con esa situación de sobreexplotación del caladero de la anchoa publicitaria, vendida a toda costa y a cualquier precio (si es alto mejor, claro, pero seguro que nunca empatará con el valor de un bien escaso y en extinción) pese a que cada día su obtención es más costosa y su supervivencia menos […]

      • Autor
      • Jaime Agulló Amorós