• 1 de Octubre

    Tarde pero llega el post del día. Y hoy no puede uno menos que lanzar a los cuatro vientos un grito unánime: es la cobertura, imbécil. Sí: no eran los GRPs, ni los impactos, ni son las impresiones ni los...

  • Tarde pero llega el post del día. Y hoy no puede uno menos que lanzar a los cuatro vientos un grito unánime: es la cobertura, imbécil. Sí: no eran los GRPs, ni los impactos, ni son las impresiones ni los clics. Ni, aunque le duela a muchos, son las páginas vistas, las visitas o los usuarios únicos (alias cookies únicas). No: es la cobertura, no sea usted imbécil. A la tele convencional, la de toda la vida ya digitalizada, le toca hacer la siguiente reflexión: quienes garantizan cobertura a la publicidad obtenían un ratio de, digamos, unos 40 millones de euros por punto de share hace unos años. A estas alturas esa cifra pasa del 50 y subiendo. Tremenda rentabilidad asociada a un bien escaso que, curiosamente, escasea porque estructuralmente escaseará cada día más y no estamos preparados aún, aunque se nos llene la boca con ello, para atacar un modelo atomizado de construcción de cobertura. En el mundo digital estamos comenzando a abrir ese melón en serio. La cobertura ya es realidad cotidiana, igual que la frecuencia y -¡horror!- los GRPs. Aparcadas las impresiones en el rincón de la pura implementación, los indicadores que cuentan como base de todo lo demás vuelven a su lugar central: primero dígame a cuánta gente se lo […]

      • Autor
      • Jaime Agulló Amorós