• 20 de Mayo

    Érase una vez un candidato a alcaldía medianita, sosilla y gris marengo. Cuatro años de plenos fríos, aburriendo a los funcionarios municipales y al cronista local, plumilla de la villa. Y tras todo ello,...

  • Érase una vez un candidato a alcaldía medianita, sosilla y gris marengo. Cuatro años de plenos fríos, aburriendo a los funcionarios municipales y al cronista local, plumilla de la villa. Y tras todo ello, vértigos y aceleraciones en poco espacio de tiempo: una llamada desde la capital, un par de viajes con foto, alguna reunión de cejas fruncidas y, cielos, lanzado a la carrera electoral. Carteles, mitines, apretones de manos, besos varios, entrevistas, algún acalorado debate, algún precocinado sondeo…mmmhhh… y de repente, la recta final. Y entonces, ante la vista de todo el mundo, de repente, los focos que se alejan, las miradas que se desvían y la soledad que rodea al esforzado candidato: «¿pero por qué me dejan sólo con lo que me he esforzado…?», se pregunta el pobre mientras cruza miradas de complicidad con su supuesto antagonista, tan solitario, abandonado y oscurecido como él mismo. ¿Y dónde están los focos, los micrófonos, las cámaras y la atención de las masas…? Demonios: en la Puerta del Sol y similares… Normal que le tengan esa manía al tema, ¿no?: al fin y al cabo, ellos querían ser el ñu líder y de repente la manada se ha parado dejándoles sólos en su galope bobo. Pena.

      • Autor
      • Jaime Agulló Amorós