• Lo que puede ser, puede ser muy bueno.

    Imaginad que decidís que vais a aprender a montar a caballo. Buscáis una escuela que os parece adecuada y el primer día de clase aparece un profesor tirando a áspero y os dice que vais a montar a un caballo...

  • Imaginad que decidís que vais a aprender a montar a caballo. Buscáis una escuela que os parece adecuada y el primer día de clase aparece un profesor tirando a áspero y os dice que vais a montar a un caballo que se llama Dañoso. Así, de repente, sin anestesia ni nada. ¿Con qué predisposición emocional os subiríais a ese caballo? Uuuuuyyyyy, yo diría que con miedo, desconfianza, duda, inseguridad… Al día siguiente volvéis a clase y os toca un caballo que se llama Peligroso. Toma y toma, de Málaga a Malagón: más miedo, más desconfianza, más inseguridad, más de lo mismo. Y lo peor: que los caballos perciben todo lo que sentimos, así que los pobres Dañoso y Peligroso también muertos de miedo y de desconfianza, y en esas circunstancias ¿qué caballo se comporta dócilmente? Es la profecía autocumplida: les llamas Dañoso y Peligroso y sólo el poder de esas dos palabras genera emociones, pensamientos y comportamientos negativos en las personas, que a su vez influyen en las emociones y el comportamiento de los caballos, confirmando así la creencia de que los pobrecillos tienen muy bien puestos los nombres. Esto que os cuento es verídico. Ocurrió en un centro hípico de Madrid y lo relataba la persona que se encontró […]

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      • titilopez@ondapositiva.es