• ¿Han desayunado tus defensas emocionales?

    La pérdida le deja a uno tocado. Y no hablo solo de perder a alguien cercano, que para mi desde luego es lo peor, sino también de perder otras cosas muy importantes para sentirnos plenos, como por ejemplo, el...

  • La pérdida le deja a uno tocado. Y no hablo solo de perder a alguien cercano, que para mi desde luego es lo peor, sino también de perder otras cosas muy importantes para sentirnos plenos, como por ejemplo, el trabajo, algo que desgraciadamente se ha vuelto muy común también en el sector de la publicidad. De vez en cuando hablo con algún amigo que ha perdido su trabajo en tal o cual agencia y cuando le pregunto qué tal está, surge el inevitable: «pues bien, lo llevo bien». Pero una pérdida es algo que en un primer momento no se puede llevar emocionalmente bien y que conduce inexorablemente a experimentar de una forma u otra las cuatro fases del duelo: Desconcierto e incredulidad, porque no nos lo podemos creer, es como decir: «esto no está pasando». Negamos los hechos como mecanismo de defensa para que el golpe sea menos duro. Tristeza profunda, que a veces conduce incluso a tener reacciones de ira o agresividad. Desesperación y resignación. Poco a poco vamos haciéndonos a la idea de que la pérdida es real e irreversible. Nos sentimos apáticos, tristes y vulnerables. Y en función de cada persona, se puede llegar incluso a la depresión. Aceptación, cuando por fin, después del necesario tiempo […]

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