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Las 7 cosas que ha traído el COVID-19 que te gustan, o no tanto

Un artículo de María Rocamora, 'consumer insight director' de OMD

20 mayo 2020

La realidad supera a la ficción. Desafortunadamente, lo venimos comprobando en los dos últimos meses, pero el ser humano es tan complejo como singular y para adaptarse tiende a la ambivalencia. Precisamente una de las cosas que nos hace singulares es la ‘bipolaridad’ que mostramos en muchos momentos y ante ciertos temas, pues somos capaces de querer y defender algo y a su vez lo contrario o de a afirmar algo con vehemencia y demostrar lo contrario con hechos.

Nuestra postura ante el COVID-19 no iba a ser diferente. Por eso, hemos realizado un listado de esos fenómenos que ha provocado el virus que nos gustan, pero… quizás no tanto.

Veamos siete ejemplos de la cara y la cruz de los ciudadanos frente al coronavirus.

1. Uno de los grandes descubrimientos ha sido que, a pesar del confinamiento, no hemos dejado de tener vida social; simplemente, hemos adaptado nuestras relaciones al momento y el entorno ahora es virtual. Las cañas de los viernes se han convertido en la birrallamada; según Statista, Houseparty fue la app más descargada en toda España (más de 279.000 descargas) en la primera semana de confinamiento y Skype ha multiplicado su tráfico habitual por cuatro.Pero ¿qué es lo que no gusta tanto? Una vez nos descargamos las apps, nos sentimos cómodos usándolas y las incorporamos en nuestro día a día, pero son hackeadas y todos los datos personales quedan al descubierto. O peor, la Policía publica que uno de cada dos ciberataques es al sistema sanitario y el objetivo es hacerse con un rescate económico.

2. Esto nos lleva al segundo fenómeno que ha traído el Covid-19 que nos gusta. Nuestra imperiosa necesidad de estar al día se ha visto cubierta estas semanas gracias a las nuevas tecnologías y al acceso continuo a información. Tanto es así que ComScore ha denominadoinfonexión al efecto del COVID-19 en nuestro consumo de medios. Hoy en día buscamos estar informados y conectados en todo momento y esto ha hecho que el consumo de televisión, sobre todo on-demand, y de redes sociales hayan sido los que más han crecido durante el confinamiento. Lo que no gusta nada son los bulos y las fake news que han hecho que cada vez sea más difícil distinguir qué es verdad. Tanto es así, que el nivel de credibilidad de las redes sociales como fuente de información para los ciudadanos está en entredicho. Según el estudio de OMG Custom Research “COVID-19: cambios en la sociedad, el consumo y los medios”, en una escala de credibilidad del 1 al 5, las principales redes sociales están puntuadas con un 2,8, es decir, apenas superan el aprobado.

3. El home office también es una de las consecuencias positivas del COVID-19. Según el INE, el teletrabajo ha pasado del 5% en 2019 al 34% en las semanas de confinamiento. Todos estábamos deseando que se implementara de forma real en nuestras vidas y lo cierto es que el confinamiento ha demostrado que estamos más que preparados a nivel tecnológico y productivo. Sin embargo, hay un lado oscuro en el trabajo desde casa. Los especialistas advierten de los problemas de estrés, de desconexión, las horas extra y la dificultad de distinguir vida personal y laboral. Advirtiendo de que se pueden llegar a sufrir trastornos como ansiedad o depresión.

4. Otro aspecto que ha provocado el coronavirus y que gusta es el sentimiento de unidad. Esa sensación de que entre todos podemos. En los últimos dos meses, parece que hemos encontrado por fin esa causa común que puede hacer de pegamento social. Muestra de ello son los aplausos a las 20:00h; los mensajes de ánimo en las ventanas; las iniciativas no lucrativas por parte de empresas, pero también de ciudadanos anónimos… En definitiva, esos detalles que hacen que todos los días nos sintamos orgullosos de la sociedad que somos. Hasta que caes en la cuenta de que el número de sanciones por el incumplimiento del estado de alarma (más de 900.000 desde el comienzo del confinamiento) es tres veces superior al número total de contagiados por coronavirus en España (unos 265.000 según el Instituto de Salud Carlos III). O que en este tiempo se han puesto 4.400 multas de tráfico, lo que hace unas 85 multas al día. Hechos como estos nos devuelven a la realidad y demuestran que el beneficio individual a veces pesa más que el grupal.

5. Por el contrario, es bueno ver que hemos redescubierto ciertos hábitos. Hemos desempolvado el Risk o el Monopoly; nos hemos echado unas partidas de cartas; hemos redescubierto el placer de cocinar y hacer postres; hemos resucitado el teléfono fijo; hemos cantado, bailado y hecho trucos de magia. La creatividad, una vez más, ha vuelto a ser nuestro salvavidas en tiempos difíciles. Lo malo es que, a la vez, podemos redescubrir otras cosas que no nos gustan tanto. En España, existen 10 millones de parejas que se encuentran compartiendo cuarentena en el mismo hogar. Si nos fijamos en China, al final del confinamiento se dispararon los divorcios hasta el punto de colapsar los juzgados. Habrá que esperar alguna semana más para ver si esto es algo exclusivo de los asiáticos o si iremos por el mismo camino.

6. Otra de las cosas buenas del confinamiento es que nos ha empujado a dar el salto definitivo al comercio online. Estamos asistiendo al salto exponencial del e-commerce. Según el Cuaderno de bitácora llevado a cabo por la AIMC durante el confinamiento, el 61% de los internautas han realizado alguna compra online en el periodo de cuarentena. Llama especialmente la atención que, si en el mundo pre-COVID había reparos a la compra por internet de alimentación y productos perecederos ahora, según Nielsen, las ventas online de gran consumo están registrando incrementos récord. Por ejemplo, la semana después de Semana Santa, estas compras se incrementaron un 27% frente a la misma semana del año anterior.

7. Sin embargo, lo que más nos gusta de esta situación es la vuelta a lo esencial. Sabemos por el estudio semanal del COVID-19 de OMG Custom Research que lo que más echamos de menos en esta situación es “ver y abrazar a los familiares”, “estar en contacto con la naturaleza” y “salir a tomar algo a bares y restaurantes”. Esas pequeñas cosas que antes dábamos por hechas, de repente se han convertido en imprescindibles. Muchos sostienen que el cambio social, económico y cultural está siendo tan grande que nunca más seremos los mismos, que se aproxima un new normal y que las reglas han cambiado para siempre. Es difícil asegurarlo. Si tenemos como referencia la crisis de 2008 y el precio al que estaban las viviendas y los alquileres el pasado mes de febrero, no hay antecedentes claros que nos aseguren que todos los cambios que estamos experimentando vayan a ser irreversibles. Por eso, tenemos que seguir dedicando tiempo y recursos a analizar el comportamiento y las motivaciones de las personas. Y en un tiempo prudencial, podremos decir si esta crisis del COVID-19 lo cambió todo. Pero hasta entonces, en nuestra agencia seguiremos apostando por entender a los consumidores y mostrar empatía. Como hemos visto, tenemos que asumir que nos vamos a mover en el terreno de la ambivalencia y aprender a gestionar la cara y la cruz de los ciudadanos. Y precisamente, de eso trata una buena investigación, de no dejar nunca de sorprenderse y de mirar siempre desde los ojos del otro. 

María Rocamora es 'consumer insight director' de OMD

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