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    Reflexiones creativas: Menos humos

    Raquel Rivera

    • Redacción 23 julio 2008
  • En los años Sesenta el tabaco se afianzó como un hábito social apoyado por la publicidad y el cine. Los artistas de Hollywood fumaban y esto les dotaba de un glamour especial que los ciudadanos de a pie querían a toda costa imitar. Todo el mundo fumaba si quería ser relevante, la igualdad entre hombres y mujeres se hacía realidad a través de este hábito saludable, como vendía la publicidad de la época (para los que tengáis curiosidad, podéis encontrar carteles de esta época en la galería de lamarde en Flickr).

    Los publicitarios basaban sus mensajes en recomendaciones de los médicos, le atribuían supuestos beneficios como efecto relajante o energizante y aseguraban que suavizaba la garganta y evitaba la tos. Mensajes positivos para un producto que la historia ha cambiado de lugar. Últimamente hemos podido asistir de nuevo a este tipo escenas en MadMen, la serie de Matthew Weiner, y no podemos evitar que nos resulten curiosas y un tanto extrañas las situaciones que nos muestran. ¿Os imagináis a alguien lanzando un mensaje similar hoy en día? Como en la cinta El dormilón, de Woody Allen, cuando nada más despertar de su crionización se niega a aceptar un cigarro de uno de los médicos que entiende al momento que al despertar desde el siglo XX el protagonista pensaba que el tabaco era malo, “no como ahora, que sabemos que es buenísimo”.

    Por suerte, en la actualidad estamos mucho más concienciados con respecto al tabaco y sus efectos nocivos para la salud, aunque es posible que estemos cayendo en la misma trampa que en el pasado al querer sumarnos a una corriente ecológica y hacer marketing verde con productos que no lo soportan.

    Hoy en día salvar el planeta se ha convertido en una moda y los elementos que utilizamos, los mensajes que enviamos, son propagandísticos, típicos de los años Sesenta, aunque con fines más altruistas. Desde luego, todos asumimos ese compromiso con un ritmo de adhesión razonable y siempre animados por los mensajes publicitarios y de concienciación de las empresas sin ánimo de lucro que van seguidas inevitablemente por la publicidad de producto. Pero no nos equivoquemos, sólo aquellas marcas o productos que tengan una historia ecológica que contar podrán ganarse la confianza y forjar vínculos sólidos con el consumidor apelando siempre a lo común, a lo real y no a lo utópico. Hay que tomar conciencia y educar a los consumidores y hay marcas que legítimamente pueden hacerlo y otras que no.

    El planeta

    Y es que, seamos sinceros: un filtro no hace que el humo suavice la garganta ni tampoco cuida del medio ambiente, aunque se adapte a la nueva normativa de la Unión Europea reduciendo las emisiones de CO2 a 120 gr./Km. Eso sí, es fácil caer en la trampa de trasponer un acelerador de compra (el beneficio económico de cambiar el vehículo antiguo a uno adaptado a la normativa) al posicionamiento emocional “ayuda a salvar el planeta”.

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