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    Reflexiones creativas: ‘¿Crisis? ¿Qué crisis?’

    La omnipresente crisis y sus consecuencias para el sector publicitario, en opinión de Agustín Vaquero

    • Redacción 1 octubre 2008
  • Abres el periódico y te la encuentras. Cierras los ojos y la sigues viendo. Es la sin nombre, la apenas reconocida, la desdibujada crisis de este siglo.

    Mientras las Bolsas tiemblan, los brokers andan repasando los libros olvidados para ver si en ellos se encuentra la fórmula mágica. Pero no existe. O no dan con ella.

    Y mientras tanto, como decía aquella vieja canción con letra de Bertolt Brecht: “el pueblo ya no…el pueblo llano pasará hambre”

    Recuerdo un anuncio de Volvo de los años Ochenta, cuyo titular decía así: ¿Crisis? ¿Qué crisis?

    Era verdad. Es cierto. La crisis es para todos, pero no le afecta igual a todo el mundo.

    Por poner un ejemplo, a cuatro manzanas de mi casa acaban de abrir un concesionario de coches de supersuperlujo (pero de un lujo que resulta hasta ofensivo). Pues ahí los tienes. Tan frescos. Con uno que vendan al mes, arreglado.

    En Madrid, en Ortega y Gasset, las tiendas parecen no enterarse de la que está cayendo, y en el Bulli parece ser que tienes que esperar un año para que te den mesa.

    Ante este tipo de cosas, ante este juego de contradicciones, el ciudadano medio ve aflorar algo que suele estar dormido en los momentos de bonanza: la fragilidad del ser humano.

    No somos nadie. No decidimos nada. No podemos actuar más que con nuestros pequeños ahorros o nuestras insignificantes armas.

    Somos pateras en medio de un océano desconocido y bravo.

    Tuve la misma sensación al día siguiente del 11-M: silencio, pena, indefensión…calma chicha. ¿Quizás miedo?

    En los años Noventa asistimos a otra bajada de defensas.

    De aquella acabamos saliendo, pero nunca más volvimos a ser los mismos (nunca se es el mismo después de una enfermedad, aunque sólo sea económica).

    Se podría decir que le vimos los dientes a la fiera y que notamos en el cuello el aliento fétido del cualquiera sabe. Lo único cierto es que fuimos conscientes de que nada era para siempre y nada estaba seguro. Ese tipo de cosas que enseñan; que hacen daño, pero enseñan.

    Toda la vida trabajando para pagar una hipoteca, y en Michigan parece ser que alguien ha apostado todos tus ahorros al caballo equivocado (que esa es otra, no sé que narices hacían tus ahorros en Michigan).

    No pasa nada. O bueno, sí pasa. Pasa que te quedas mirando el infinito con cara de ¿qué hay de lo mío?…de lo mío, ¿qué?

    Suelo

    En publicidad, la crisis de los 90 nos devolvió al suelo, y ésta quizás nos devuelva al centro de la Tierra. O más abajo.
    Perdimos la inocencia de creer que todo era posible (rescoldos de mayo del 68), y al mismo tiempo la realidad nos enseñó un par de lecciones que nunca olvidaríamos.

    Digamos que nos caímos del guindo. Que nos hicimos mayores de repente. Que nos dimos cuenta de que el mundo no era ya de caramelo.

    Malos tiempos estos para la lírica, y peores tiempos para el riesgo y el atrevimiento.

    Eficacia, rentabilidad, sensatez, cordura y conservadurismo son las palabras clave. Valor seguro y prudencia. Mucha prudencia.
    Volveremos a ver el color gris en las calles y en la imaginación.

    Los sociólogos lo saben: son ciclos. En momentos así todo el mundo se repliega.

    Volverán las minifaldas y las camisas floreadas. Saldrá el sol.

    Pero mientras tanto, para muchas personas aquel titular de los Ochenta no irá con interrogaciones sino con admiraciones: Crisis. ¡Qué crisis!

    No durará toda la vida, pero ya veréis como nos parece una eternidad.

    agustinvaquero@anuncios.com

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      • Redacción