• Más Anuncios

    Reflexiones creativas: ‘Lost’

    Antonio Pacheco

    • Redacción 16 diciembre 2009
  • No se me asusten, que esto no es que Anuncios haya decidido dedicar una columna a la crítica televisiva, que está tan de moda, y hayan pensado empezar por la mítica serie naufraguística guionizada sin orden ni concierto en la que no te enteras de nada. No. Aunque, Señor Director, si le parece que sería grato iniciar la publicación de críticas semanales de los programas televisivos que encandilan a la audiencia, Pacheco se presenta voluntario inmediatamente. En mi curriculum destaca el haberme visionado todas y cada una de las galas de Gran hermano y ser el afortunado poseedor de todos los CDs de Operación triunfo. Y de Popstars, que hay que ser muy macho para reconocerlo.

    Hoy quería hablar de uno de los daños colaterales (grato eufemismo que viene a ser lo que decía El Chavo del Ocho: lo he hecho sin querer queriendo) que ha provocado la crisis: la deserción de talento de este negocio.

    Creo que con todo esto vamos a perder una generación de posibles creativos. Y también creo que esta fuga de talentos hacia otros ámbitos de la creación empezó bastante antes de que estallara la madre de todas las crisis. Y que ahora se ha agudizado muchísimo porque, básicamente, se ha producido una reducción brutal del número de puestos de trabajo y, aunque también es cierto que se está juniorizando bastante, es un momento complicadísimo para arrancar tu carrera profesional si quieres dedicarte a este maravilloso mundo de la creatividad propagandística. El salto de “estoy haciendo un training” a “soy copy junior” es más doble mortal con tirabuzón que nunca.

    Nuestro trabajo es cada vez menos atractivo para las nuevas generaciones. Los tirones, las noches, las limitaciones, los presupuestos, los directores creativos, los findes, los de cuentas… los nuevos jugadores de estos partidos no están dispuestos a jugar con las reglas con las que lo hicimos nosotros cuando empezamos. Y muy bien que hacen, qué quieren que les diga. Que la vida no se vive dentro de una agencia. Ahora, igual que les digo una cosa, les digo la otra: un par de transfusiones de sangre tampoco les vendrían mal. Que es, supongo, lo mismo que dijeron de mí las generaciones que me precedieron. Uno sabe con certeza que ha entrado en modo viejuno (un camino sin retorno) cuando piensa por primera vez “joder, a éste le quería yo ver echando noches como las echaba yo…”.

    Que nuestro negocio está cambiando no es que lo diga yo, es un hecho. Que siempre ha estado cambiando, pues también es verdad. Pero mi posición es que, cuando dejemos de procrastinar y tomemos el toro por los cuernos, a esta santa profesión/oficio no la va a conocer ni la madre que la parió y que hay que pensar ya en cómo damos juego a las generaciones que vienen para que no se dediquen, por ejemplo, a ser guionistas de Amar en tiempos revueltos. Porque los vamos a perder. Y si no tenemos nada bueno que ofrecerles cuando pase la crisis, a los que perdamos ya no los recuperaremos.

    Por supuesto, esta conversación debería llevarse a cabo en el marco de una conferencia estilo la de Copenhague en la que se traten asuntos tan divertidos como la relación anunciante-agencia, el cómo cobrar por las ideas, los concursos, los timings, los horarios, etcétera. Por no ser tan cool como los líderes del mundo mundial y tratar las cosas en su justa medida, propongo Valdemorillo como sede. Allí nos reuniríamos anunciantes, agencias, departamentos de marketing, product managers, cuentas, planners, artes, programadores, copys, periodistas, consumidores… todos los actores que intervenimos en el proceso propagandístico. Y, nada, como en Copenhague: llegamos a acuerdos, firmamos un documento, nos vamos tan felices a casa y luego no cumplimos nada de lo que pactamos.

    pacheco@anuncios.com

      • Autor
      • Redacción