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    Cordura para tiempos inciertos

    Recordamos los mensajes que varias agencias enviaron a ‘Anuncios’ para lanzar un mensaje de sensatez en contra de la guerra

    • Redacción 17 agosto 2022
  • El recuerdo de otras guerras que fueron y son; la mirada puesta en los que las padecen desde la resistencia o el abandono de sus países y sus vidas; la sinrazón, siempre la sinrazón. Desde el convencimiento de de que la creatividad es una poderosa arma que puede contribuir a mejorar el mundo, pedimos a hace unos meses a varias agencias que nos ayudaran a lanzar un mensaje de cordura en estos tiempos otra vez tan inciertos, con la guerra y sus heridas resonando en la vieja Europa.

    Aprovechamos estos días de verano para recordar las respuestas que nos enviaron, que, como no podía ser de otra manera, se apoyaron en las herramientas propias de la creatividad: con la palabra, la imagen, la idea, la tecnología… Las publicamos en el Nº 1658 de Anuncios. A todos, de nuevo, gracias.

    Propuestas creativas

    La siguiente ilustración de David Despau, de Grupo BBDO&Proximity, simboliza el abatimiento de una mujer ucraniana (y de toda la sociedad occidental) que lleva un mensaje de paz grabado en su piel, en forma de tattoo.

    Creatividad

    Kitchen nos ha presentado tres ejercicios: uno invitando llamando a la paz, otro llamando a la ayuda a través de un código QR y, el último, apelando al fin del conflicto con los colores de la bandera de Ucrania y los corazones por bandera.

    La siguiente es una propuesta de Instagram realizada por @dibujosdepalabras (un proyecto de Bitan Franco).

    Creatividad

    Sra. Rushmore ha realizado una adaptación de Hope, la campaña que creó para Cruz Roja Internacional en 2017 (y que sigue siendo tan actual como entonces).

    Creatividad

    El deseo de Pingüino Torreblanca es que se anuncie el fin de la guerra. Y en esta ocasión, el anuncio más esperado no debería hacerlo ninguna agencia.

    Creatividad

    Por último, el creativo Leandro Raposo, de The Cyranos y Sioux meet Cyranos, nos ha brindado un texto que titula “La dialéctica de la muerte” y en el que propone que “la guerra siempre necesita de malos redactores”.

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    (La dialéctica de la muerte) 

    La guerra siempre necesita de malos redactores

    Dicen que en Moscú está prohibido decir la palabra invasión.

    Dicen que en Kiev está prohibido denominar esto que pasa como guerra. 

    Dicen que en Pekín si te sales del guion de la palabra conflicto pueden mandarte preso.

    Dicen que el resto del mundo tenemos que volver a prostituir la palabra paz a falta de una mejor.

    La Unión Europea acaba de aprobar que se compre con lo que llama “fondo de apoyo a la paz», toneladas ingentes de armamentos.

    Francia en nombre de la palabra soberanía vuelve a proyectar que crezcan centrales nucleares como hongos.

    Alemania usó la palabra renovación para decir que volvería a invertir cada año el 5% de su PBI en militarización (no educación, que parece una palabra que termina igual pero termina en todo lo contrario). 

    Rusia habla de autodefensa jugando más al ataque que el Barça de Guardiola.

    Porque las guerras, las invasiones, los conflictos o como quieras llamarlos, trastocan absolutamente todo.  Trastocan los edificios oficiales, trastocan los cuerpos sanos, trastocan puentes y hospitales, pero antes que todo eso trastocan las palabras.

    El ser humano se transformó en un mal redactor publicitario. Como si se nos hubiesen acabado las palabras metemos la mano en el saco y siempre sacamos las mismas. 

    A las pandemias las llamamos guerras invisibles. A las guerras visibles las llamamos tragedias. 

    Porque en el manual del Maquiavelo del siglo 21 es sabido que hay que vaciar el contenido de las palabras antes que el de los cañones.

    Por poner un ejemplo: en la última década el ser humano tomó la costumbre de acusar al de enfrente de nazismo (con todo lo gorda que debería ser esa palabra) para justificar sus propias tendencias nazis.

    Y en esta lucha de ver quién es menos nazi que el otro nos vamos llenando de invasiones, campos de concentración y odio con el de enfrente.

    Pero el problema es que lo de travestir palabras y vaciarlas de contenido no solo es un tema de nuestros líderes, ni de los que están organizando el cotarro, sino de todos los que creemos que no tenemos nada que ver y estamos fuera de él.

    Hace unos días me llegó varias veces por LinkedIn (odio la utilización de la guerra y Zelenski como excusa de mensajes de autoayuda profesional y ejemplos de liderazgo) una frase bastante bien escrita presuntamente por el piloto nazi Erich Hartmann que decía “la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”.

    Y aunque lo dijo un tipo que se despachó 356 aviones matando todo lo que tuvo enfrente, tiene todo el sentido.

    Pero tal vez uno de los mayores problemas de la palabra guerra es que todo el mundo la ponemos afuera.

    Porque si uno cambia la palabra jóvenes y piensa en españoles, catalanes, negros, blancos, inmigrantes, sudacas, rojos y fachas, ultras de un equipo o de otro, boomers y recién llegados, nacidos en un lugar diferente, con un color, una religión, un sexo diferente (o, simplemente compañeros de trabajo que quieren nuestro puesto) nos damos cuenta de que esa pulsión violenta sin motivos que tan claramente vemos en los otros es muy jodida de ver en uno mismo. 

    Salvando todas las distancias, no hace falta llamarse Putin para llevar esa mochila.

    Por eso, en momentos tan convulsos donde uno mira estupefacto la televisión, por ahí el mejor aporte para que se termine la guerra no sea tanto lo que digamos sino lo que dejemos de decir.

    Que de una vez por todas dejemos en paz a la palabra paz y nos metamos con todas las otras. 

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