• Opinión

    Cabeza de camaleón, cola de león; por Alfonso Pérez

    «Pequeño reptil, famoso por su habilidad para cambiar de color según las circunstancias, por su lengua rápida y alargada y por sus ojos que pueden ser movidos independientemente el uno del otro. Se conocen...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 25 julio 2014
  • «Pequeño reptil, famoso por su habilidad para cambiar de color según las circunstancias, por su lengua rápida y alargada y por sus ojos que pueden ser movidos independientemente el uno del otro. Se conocen fósiles procedentes del Paleoceno». No, no estoy hablando del sector de la comunicación, sino del camaleón. ¿O es lo mismo? Un día reflexiono y me doy cuenta de que llevo años usando a este animalejo para explicar muchos aspectos de nuestra profesión. Total, un par de veces por semana los ojos se ponen rojos, las mejillas moradas, el rostro pálido y me dan ganas de comerme a alguien o algo que no para de moverse. Y sí, me doy cuenta que de que soy afortunado de tener este referente. Mi primer encuentro con él fue al dejar la gran agencia. De repente, no me abrían todas las puertas, ¡tenía que llamar y llamar! Bueno, tiene su parte divertida, me pongo mi camaleón y empiezo a moverme. ¡Anda!, una pequeña rendija, a ver qué puedo encontrar aquí, quizás un tesoro. Networking en estado puro, desde el estadio cero. Una vez más lo más importante son las personas.

    Y lo encuentro, alguien me presta su tesoro, y me dice «Nos jugamos todo al resultado de esta campaña. Necesito solo dos cosas, que sea notoria y que venda de verdad. Tengo poco presupuesto. Si sale bien ya haremos más. ¿Qué hacemos?». Me pongo amarillo.

    Empezamos a trabajar, ni idea de lo que vamos a hacer hasta que nos metamos con ello. La ilusión es multicolor, la experiencia un gris claro precioso que va bien con todo, la adaptación al territorio, imprescindible. Si no se dónde piso, me resbalo seguro.

    No hay lugar para regodeos publicitarios, hay que dar en el clavo. La agencia independiente es la capacidad de ser flexible y la obligatoriedad de hacer las cosas mejor que nunca. Pensar a lo grande, y ejecutar a lo grande, a coste económico. Dar un empujón o dar marcha atrás. Los camaleones también sudan. «Quiero ‘branded content’, comunicación social, ponme una de CRM, no olvides los medios sociales, el off ha muerto…», no sé, no hay reglas claras. Lo que sí tengo claro es que la flexibilidad debe ser mutua, y que un cliente debe meterse en el fango, participar en todo, disfrutar de todo, ya sea una gran multinacional o una pyme.

    No hay proyectos cola de león, no hay tiempo para eso, ni es entretenido, el resultado no para de moverse y hay que morder a la primera.

    Alfonso Pérez, director de servicios al cliente de El Cuartel