• Opinión

    e-Euros; por Carlos Tribiño

    «Sólo quiero decirte una palabra. Sólo una. ¿Prestas atención? ¡Plástico! Hay un gran futuro en el plástico. Piénsalo.» «El graduado», 1967   Estas eran las palabras visionarias que el Sr. McGuire le ofrecía a...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 17 enero 2013
  • «Sólo quiero decirte una palabra. Sólo una. ¿Prestas atención? ¡Plástico! Hay un gran futuro en el plástico. Piénsalo.» «El graduado», 1967

     

    Estas eran las palabras visionarias que el Sr. McGuire le ofrecía a Dustin Hoffman, en el papel del recién graduado Ben, quien más que una carrera buscaba llevarse la novia prohibida al altar.

    El Sr. McGuire no se equivocaba, el plástico penetró una enormidad de sectores, de productos y de industrias, desde botellas hasta automóviles. Pero su mayor impacto fue tal vez en el sector financiero, a través de tarjetas de crédito, débito, de prepago, y de regalo.

    El origen del dinero se remonta a unos 2.500 anos atrás, mucho antes de las rebajas de Reyes, incluso antes de los mismísimos Reyes Magos. Sin embargo, tan sólo unos treinta años después de las palabras del Sr. McGuire, el plástico habría superado al conjunto de metálico y talones como forma de pago, acaparando más del 60% de todas las transacciones. Estas diversas tarjetas emitidas por Visa, MasterCard, El Corte Inglés, o tantas otras entidades, hoy dominan nuestras compras de todos los días, ya sea un vestido de Zara o unas revistas en el Vips.

    Pero si Hollywood rodara una versión actualizada de El graduado en el 2013, la palabra del Sr. McGuire podría reducirse en una letra: «e». Así como el VHS se cargó al cine, y el DVD al VHS, y la piratería al DVD, el plástico está viendo el principio de su fin, cortesía de los pagos electrónicos, o el e-Euro.

    El 2013 nos trae la novedad que por primera vez el parque de smartphones, principalmente IPhones y terminales de Android, supera al de móviles tradicionales, lo que está dando lugar a que las transacciones electrónicas, sin papel ni plástico, se proyecten en torno al 10%.

    La batalla del plástico y el metálico quedó en el pasado. La nueva batalla se está peleando en el sector de dinero electrónico. Jack Dorsey, nuevo poster boy de la tecnología y cofundador de Twitter ha lanzado Square, un sistema de pago por NFC (Near Field Communication o Comunicación de Campo Cercano), que permite realizar pagos de forma inalámbrica con el móvil con tan solo visitar el establecimiento y sin siquiera apretar un botón. Google ha lanzado Google Wallet, que utiliza la misma tecnología. Jerry Yang, cofundador de Yahoo! está financiando OpenBucks, una plataforma que permite utilizar tarjetas de regalo de tiendas para realizar cualquier pago en la web.  PayPal esta saliendo del mundo virtual para permitir a sus usuarios pagar en establecimientos físicos. Empresas medianas del sector también están innovando, como GiftCards.com, quien está lanzando un sistema de pago/regalo para tiendas locales, desde restaurantes hasta hoteles rurales, así como desarrollando tecnologías rompedoras de regalo y pago digitales. Y otras como PlasticJungle o startups como Gyft, están lanzando plataformas de pago y/o regalos innovadoras. Todas ellas buscando facilitar todo tipo de transacción monetaria electrónica, ya sea por web o por móvil con el fin de acaparar el máximo numero de transacciones.

     

    Céntimos y millones

    La batalla es bastante reciente y tiene muchos aspirantes, tanto novatos como dentro del sector, con distintas alternativas. Pero lo cierto es que el dinero mueve mucho… dinero. El dinero no tiene sector, abarca todos ellos, y los pocos céntimos que se puedan realizar por cada transacción se multiplican por millones y millones de transacciones diarias. No es necesaria una licenciatura en Matemáticas para darse una idea de la dimensión del mercado.

    El ritmo de crecimiento y el enfoque de tantos aspirantes con grandes recursos y know-how sin duda indican que este 10% se multiplicará varias veces antes del fin de esta década.

    Quedan muchas dudas por resolver. Cuestiones de seguridad. Temas de compatibilidad. Riesgos de fraude. Aceptación de los comerciantes y consumidores. Pero todos ellos superables, mismo con las tecnologías existentes.

    Con tantos aspirantes, no está claro quien se llevará la novia al altar, pero lo que no cabe duda, es que habrá boda.