• Opinión

    El plátano en tiempo real

    Soy de esa generación de Primera Cadena y UHF que sufrió los rigores de la persuasión publicitaria a través de la pantalla casi única. Todo lo que salía de aquella Telefunken PAL-Color (28 pulgadas, oiga, la...

      • Autor
      • Antonio Pacheco
    • 27 enero 2020
  • Soy de esa generación de Primera Cadena y UHF que sufrió los rigores de la persuasión publicitaria a través de la pantalla casi única. Todo lo que salía de aquella Telefunken PAL-Color (28 pulgadas, oiga, la envidia de mis vecinas y amigas) adquiría visos de mandato constitucional, especialmente aquellas campañas destinadas a marcar el futuro de los infantes. «Todos los días, un plátano ¡por lo menos!», nos decían. Todos los días un plátano, por lo menos, decidieron mis padres. Todos los días un plátano de postre. Todos los días hasta que pedí dos prórrogas para aplazar mi ingreso en la mili.

    Así que quizás apreciarán ustedes un cierto sesgo anti-platánico en esta columna. No me lo tengan en cuenta. No tengo nada en contra del plátano, de hecho pocas cosas me gustan más que el helado sabor Banana Split de Freddo, las míticas heladerías argentinas tan echadas de menos por este columnista. Es solo que al visualizar publicidad de contenido platanero, se me activan todas las alertas y recuerdo a mis compañeros presumiendo en el cole de haber tomado de postre yogur Danone (o Yoplait, incluso Chambourcy, los más europeístas) de sabores, mientras a mí me daban mi consabida ración platanera. Traumas infantiles de complicada superación.

    Antonio Pacheco Columna

    Por eso, mi reacción ante la obra de arte Comediante, de Maurizio Cattelan, consistente, ya saben, en un plátano sujeto en una pared por un cacho de cinta americana, fue de un cierto escepticismo. No por el valor otorgado a la obra, me parecen incluso pocos los ciento veinte mil dólares que marcaba su PVP, sino porque con el revuelo que se estaba creando al respecto, sabía que mi subconsciente se iba a poner a funcionar e iba a acabar soñando con mi madre liberando al plátano de la presión de la cinta americana y persiguiéndome por el salón de casa de mis abuelos al grito de «¡Anthony, Anthony! ¿Te has comido el plátano de postre?».

    Sabía que no iba a tener escapatoria, como así fue. La noticia salió en todos los periódicos, teles, radios, blogs y redes sociales habidas y por haber. Pero no contaba, ingenuo de mí, con la voracidad de las marcas deseosas de adentrarse en los pantanosos vericuetos del real-time marketing. Algunos ejemplos de posts instagrameros de diversas permutaciones con repetición de objetos fijados a una blanca pared mediante cinta americana:

    – Una lata de Pepsi: «Responde con tu mejor oferta».

    – Un plátano de Carrefour con la leyenda BIO 1,59€: «Con nuestros productos orgánicos, el arte culinario está al alcance de todos».

    – Otro plátano, pero sujeto por una tira de preservativos Durex: «Protege tu banana»

    – Un cubo lleno de pollo KFC: «Si hubiese sido un bucket, no hubiera durado ni cinco minutos».

    – Ataúd de Taffo, Servicios Funerarios: «Cuesta mucho menos de 120.000 dólares y es eterna». Y un número de teléfono realmente útil por si falleces al ver el post.

    Evidentemente, cualquier producto es susceptible de ser fijado a una pared con una cinta americana, lo cual limita bastante las opciones de: a) sorprender y/o b) ser medianamente gracioso. Y es que una broma, repetida múltiples veces, tiende a perder su poder evocador. Por otro lado, entiendo que las marcas están deseosas de llenar sus calendarios de publicaciones y que, si se suman a las conversaciones que se están produciendo, pues ya tienen algunas casillas resueltas de un modo bastante lógico. Es esta necesidad que nos hemos creado de publicar a diestro y siniestro, de estar presente en cada evento que creemos que puede influir en nuestro público objetivo. Pero en esto del real-time marketing, estar por estar, también es tontería.