• Opinión

    La intimidad: ¿a quién le interesa?; por Mauro González

    Los valores van cambiando a medida que la sociedad evoluciona: estos cambios se refieren a su significado, a su vigencia y al aprecio que se les tiene. La puesta en práctica de un valor no siempre depende de...

    • 12 marzo 2014
  • Los valores van cambiando a medida que la sociedad evoluciona: estos cambios se refieren a su significado, a su vigencia y al aprecio que se les tiene. La puesta en práctica de un valor no siempre depende de su significado; hay valores que se tiñen de una pátina de modernidad tradicionalidad que es la que los hace vigentes o los arrincona.

    La intimidad es un valor que se ha transformado profundamente y no está entre los valores que construyen el marco axiológico de la sociedad en la que vivimos. No obstante, pienso que este valor tiene un enorme potencial para ser el antídoto de determinados comportamientos que esta sociedad nos impone a cada uno de nosotros: seguidismo, aceptación incondicional e irracional, mediocridad y estandarización. La reflexión que propongo, parte de la premisa de que la intimidad es una forma de rebeldía, de singularidad, de responsabilidad y de denuncia de la apariencia. Propongo así mismo la intimidad como una forma de resistencia frente a la mediocridad y la estandarización a la que estamos sometidos por los políticos, las instituciones y los medios de comunicación.

    El domingo 22 de marzo de 2009 moría Jade Goody, tras convertir su muerte en un circo mediático. Esta joven de 27 años, que participó en el programa de Gran hermano, donde se convirtió en personaje famoso y comentado por su carácter irrespetuoso e inculto, vio truncada su ascendencia mediática por el cáncer de útero que le diagnosticaron unos meses antes. Aprovechando este gran momento de exposición pública, quiso rentabilizar al máximo su tirón, programando incluso su muerte por televisión (retrasmisión que no se llegó a realizar). Es difícil cuantificar el beneficio económico que ha generado vendiendo su intimidad, beneficio que disfrutarán sus hijos. Al día siguiente de su muerte, su madre declaraba: «La familia y los amigos querríamos tener intimidad al fin».

    En algunas cadenas de nuestra televisión, podemos ver a cualquier hora, programas donde se expone y se airea la vida íntima de determinados personajes. Programas absolutamente pornográficos no por las imágenes de sexo sino por el desnudo explícito de los pensamientos, conductas, intenciones y comportamiento de los protagonistas. La intimidad, como preservación del sujeto y sus actos del resto de seres humanos, es un derecho contemplado en el artículo 18 de nuestra Constitución: «Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen«. Y claro, todo aquello que se garantiza constitucionalmente remite a dificultades de cumplimiento, o, como ocurre con los derechos humanos, que se trata de un tema que se viola constantemente.

    Asistimos a tres fenómenos sociológicos de gran alcance que están diluyendo los límites del concepto de intimidad: Las nuevas tecnologías: las nuevas tecnologías están transformando el significado y las implicaciones de lo íntimo y esto en la medida que las nuevas tecnologías se nutren más de lo superficial y lo epidérmico ( lo táctil, como forma de manejo, es una metáfora de su nivel de profundidad ): apenas se necesita pensar para comunicarse puesto que toda la comunicación ya está encapsulada en fórmulas que anticipan lo que quieres decir; la atención completa, con las nuevas tecnologías, se transforma en atención parcial continua; la lectura profunda y reflexiva supone cada día mayor esfuerzo; el texto se sustituye por el titular, la palabra por la frase, Word por Power Point.

    Las redes sociales: las redes sociales están suponiendo toda una revolución en la forma y el cariz que está tomando la comunicación. En el pasado existía una separación entre la comunicación (el objeto de comunicación) y el individuo (sujeto). Hoy todo va en un mismo pack: el individuo y lo que comunica. Por tanto se abre la puerta y se facilita el que se viole la intimidad; las redes sociales nos ex–ponen, nos ponen fuera, nos sacan de nuestro espacio íntimo y nos convierten en sujetos (más bien objetos) de escaparate. La intimidad se transforma en extimidad.

    La intimidad, como valor en sentido bursátil; es decir objeto de subasta, de compra y de venta, de transacción económica. Podríamos rastrear muchos proyectos vitales y personales encaminados a ser ofertados/vendidos a una revista o a una cadena de televisión. La intimidad se cultiva como un bien preciado y escaso y no me extrañaría que algún día se crearan huertos para el cultivo de la intimidad, con el apoyo de los bancos y fondos de inversión. Lo íntimo vende: ¿será que está vinculado con lo original, lo nuevo, lo puro y virginal? ¿O que sencillamente estamos en una sociedad tremendamente vouyerista y así se explica este auge de lo íntimo?

    Intimo etimológicamente procede del adverbio latino intus: dentro, hacia el interior. Intimo en español tiene varias líneas de significación:

    1. Intimo: que forma parte de la esencia, profundo

    2. Intimo: de confianza, entrañable, amigable, acogedor, agradable.

    3. Intimo: interior, privado, relativo a la intimidad.

    1. Desde siempre ha habido una demanda de lo íntimo en su acepción de esencial, profundo

    La historia del pensamiento, de las corrientes filosóficas, de la hermenéutica… es todo un recorrido por los intentos de llegar a la esencia, a lo profundo de las cosas. Y creo no equivocarme al afirmar que una de las fantasías más recurrentes del ser humano es adivinar el pensamiento, los sentimientos, las intenciones de nuestros congéneres. Conocer lo más recóndito nos haría como dioses, nos situaría en el Saber con mayúscula La hermenéutica, la interpretación, el conocimiento del inconsciente, los instrumentos de conocimiento de las reacciones cerebrales no son sino intentos de descubrir, descifrar y conocer lo íntimo. El cultivo de lo íntimo, en el sentido del que estamos hablando, no es un valor que se cultive desde el ámbito empresarial y desde las marcas; desde las instituciones, gobiernos y estados. El cultivo de la intimidad construye sujetos singulares, únicos, diferentes, incontrolados y libres; y es precisamente esta dificultad de controlar la intimidad por parte de los estados, gobiernos e instituciones la que me da pie a calificar la intimidad como una especie de rebeldía; si cabe, es una de las pocas armas que nos quedan a los individuos: cultivar la intimidad es una actitud tremendamente rebelde, es negarse a querer ser dirigido y controlado como quieren estas instituciones.

    Asimismo la intimidad es el antídoto contra la mediocridad: mediocridad política, mediocridad argumental, mediocridad en la consideración de que el ciudadano es tonto y se traga todo. Ante la desazón que produce todo este conjunto de mediocridades, la intimidad nos salva de la desesperación al conectarnos justamente con lo esencial, con lo que importa y nos importa.

    Vivimos en una sociedad donde lo psicológico fue sustituido por lo sociológico (la psique por el grupo); en una vuelta de tuerca más, lo sociológico está siendo sustituido por lo matemático (sólo cuentan los porcentajes, los números, los restos). La intimidad, en esta sociedad así constituida, es una bofetada a este intento de controlar, matematizar y reducir las personas a porcentajes y restos. Lo que no es susceptible de ser espiado es subversivo. Y aquí nos encontramos con la paradoja de la intimidad tal y como la consideran los estados/gobiernos e instituciones actuales: por una parte la defienden constitucionalmente y por otra es materia de subversión y rebeldía; pero de esta paradoja ni siquiera son conscientes.

    2. Íntimo: de confianza, entrañable, amigable, acogedor, agradable

    Me interesa especialmente esta significación de lo íntimo porque trasciende el nivel individual y lo conecta/nos conecta con los otros. Esto que parece imposible -intimidad en grupo, intimidad colectiva, intimidad compartida- se hace posible desde la misma raíz y significación de lo íntimo. Lo público debe estar muy enraizado con lo íntimo. Todo parece ir en la línea de que cuanto más se eleven las conductas y los hechos a nivel público, menos responsabilidad se asume respecto a esas conductas. Y me apoyo en el siguiente supuesto: la intimidad es lo que nos hace sujetos singulares (no clones ni fotocopias), lo que nos hace tomar conciencia de nosotros como seres irrepetibles y diferentes y por tanto lo que nos constituye como personas. La intimidad hace que nos hagamos cargo de nosotros mismos como esas personas singulares, irrepetibles y únicas.

    De esta intimidad surge la responsabilidad: sin este tipo de intimidad no tendrían cabida sentimientos de vergüenza, ni la idea de punible, ni la culpa. Cuando toda nuestra existencia y nuestras acciones están expuestas, hay algo en nosotros que deja de pertenecernos, que pertenece a los demás y de ahí que surja la idea de impunidad: es como si yo no me hiciera cargo de mis actuaciones y de las consecuencias de mis actuaciones.

    Esto, como podéis deducir, se da mucho en el ámbito de la política, de la vida pública: es como si la responsabilidad en política no fuera personal porque todo se realiza bajo el mandato de los otros; mis actuaciones no me pertenecen, todo está fuera de mí y por tanto estoy libre de responsabilidades.

    Otra acepción de este segundo significado de lo íntimo que me interesa resaltar es la conexión tan fuerte que existe entre sentimiento e intimidad. Sin intimidad no hay sentimientos o, dicho de otra manera, para que surja el sentimiento es imprescindible la intimidad. En el ruido, en el exterior, en el lenguaje es imposible que se dé el sentimiento, es decir, la conciencia de la emoción. El sentimiento nace en el silencio, en el pensamiento, en ese lugar interior que se llama intimidad: la intimidad muchas veces es un lugar, un espacio alejado de la influencia y del alcance de los demás.

     

    3. Íntimo: privado, relativo a la intimidad.

    El hogar ha dejado de ser, como era en otra época, el reducto sagrado de la privacidad. La intimidad del hogar se traslada ahora a lugares lejanos o escondidos, parajes recónditos, casas rurales, etcétera, como espacios que están al abrigo de la mirada de los demás. En estos casos, la intimidad es un valor al alza por el que se está dispuesto a pagar. Lo paradójico de esto es que para preservar la intimidad tienes que salir del hogar, de lo que antes era el sancta sanctorum de la privacidad: y es que el hogar se ha convertido, pese a sus moradores, en el espacio comercial por excelencia (seguramente que se piensa que sus moradores están relajados, descansados y bajos de defensas). Operadores anónimos ofrecen viajes, servicios telefónicos, gas y luz a precios tentadores, productos financieros etcétera, etcétera. Ante este bombardeo de llamadas, cuántas veces nos hemos hecho la siguiente pregunta: ¿y a estos quien les ha dado mi teléfono, mis datos personales, mis hábitos de compra, los servicios que tengo contratados? Y lo malo no es que esto ocurra una, dos veces; lo preocupante es que la insistencia de la máquina, pese a que la voz sea humana, es tan tenaz que no cesa. La insistencia es otra modalidad de acoso a la intimidad. El hogar hace tiempo que dejó de existir como sagrado reducto de la intimidad. La membrana que separaba el hogar de la sociedad ha saltado en pedazos, no sólo porque sus moradores han querido exponerlo y des-intimarlo, sino porque, aprovechando cualquier resquicio, los que están acosando el hogar y su intimidad han redoblado sus ataques para derribar estos límites, esta frontera que separa el hogar del resto.

    ¿A qué estado, institución, sector comercial, marca o algo parecido a todo esto le interesa que haya lugares íntimos, sociedades donde se valore la intimidad, individuos celosos de su intimidad? A ninguno. Su área de influencia, su poder, su omnipresencia se vería reducida. Comercialmente esto es una guerra: la intimidad la trinchera, el refugio del sujeto convertido en consumidor. Si quieres ganar la guerra, destruye los refugios, destruye la intimidad. El mundo en que vivimos está siendo configurado a imagen y semejanza de Google, Facebook, Apple, internet Su influencia es tal que acabaremos abrazando su religión. Pero lo malo de todo esto, es que Google, Facebook, internet, no son sino una metáfora de la acción política y de la participación ciudadana. Nos vamos a convertir en máquinas si renunciamos a nuestra singularidad, a nuestra condición de seres humanos, imperfectos, no calculados, imprevisibles. Con razón a los nuevos líderes o poderes les molesta tanto la intimidad porque de momento no la pueden escanear, clasificar o catalogar; de momento, desde nuestra posición de intimidad, somos menos esclavos.

    Mauro González

    Socio director de Punto de Fuga