• Opinión

    La risa; por Jorge Martínez

    Fue poner el pie en la Terminal 4 de Barajas ayer sábado [por el 5 de mayo] y empezar a estornudar como un loco. Los ataques de alergia siempre tienen algo de absurdo, como de sketch cómico, así que no le di...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 16 mayo 2012
  • Fue poner el pie en la Terminal 4 de Barajas ayer sábado [por el 5 de mayo] y empezar a estornudar como un loco. Los ataques de alergia siempre tienen algo de absurdo, como de sketch cómico, así que no le di mayor importancia, mucho menos siendo alérgico como soy. Pero tras dos días, y varios antiestamínicos fallidos en el cuerpo, empiezo a preguntarme si el motivo de mi absurdo ataque alérgico no será mi propio país, o peor, la crisis, que te agarra por los huevos nada mas cruzar el espacio aéreo español.

    Acabo de regresar de Miami, donde durante una semana he representado a España como jurado de TV/Cine y Campañas Integradas en el FIAP, que este año ha decidido mudar su sede, en lo que quiere ser una estrategia para captar una parte del goloso pastel del mercado latino en los Estados Unidos y, de paso, intentar reactivar un festival que no pasa por su mejor momento, y en el que la presencia de agencias españolas ha ido decreciendo espectacularmente durante los últimos años.

    Reconozco que acudí a la cita sin demasiadas esperanzas de ser sorprendido, y motivado, mayormente, por la idea de pasar una semana relajada en un lugar idílico, alejarme de un cierto tedio que me invade últimamente, y conocer, quizá, a gente interesante. Mis previsiones solo se cumplieron a medias: la gente del FIAP nos hizo currar bastante; Miami, efectivamente, es un lugar idílico, apabullante, e irreal por momentos; conocí a gente extraordinaria, gente con talento, inquieta y con ganas de compartir, y mi sorpresa, al juzgar cientos de trabajos, fue de menos a más, llegando incluso a ser mayúscula en casos concretos.

    Mi semana en el FIAP me deja varias reflexiones importantes, la primera, es la confirmación de que los medios de comunicación de nuestro país, tienen unos efectos secundarios sobre nuestra sociedad altamente perjudicial contra los que invito a vacunarnos sin dilación. No hay como estar una semana desconectado de todo, sí, incluso del fútbol, para entender que el tono apocalíptico, los mensajes pesimistas y catastrofistas de la mayoría de nuestro medios, y el anuncio incesante de datos y cifras a cual más negativo no ayudan en nada en una situación como la nuestra; más bien al contrario, nos contagian -sin remedio-, de un sentimiento de indefensión, de una melancolía y una tristeza que nos pueden llegar a paralizar, o peor, sumirnos en una profunda depresión que empiezo a creer que está calculada de antemano. Así que he decidido que voy a continuar un poco más con mi huelga de medios. Si el periodismo se ejerce bajo la bandera del derecho a la información, yo he decidido que voy a ejercer mi derecho a no ser informado si dicha información perjudica a mi ya frágil y maltrecho estado de ánimo.

    Industria ensimismada

     La segunda reflexión es que tengo una mala noticia para todos esos agoreros que vienen anunciando la muerte del spot de televisión como formato. Lo que falleció hace un tiempo -si es que alguna vez llego a vivir- es la mala publicidad, la que deja indiferente, la que aburre, la que miente, la que no conmociona, o no consigue hacerte reír, y lo que tiene los días contados es una industria ensimismada en los números, aburrida, incapaz de innovar y temerosa de reencontrase con aquello que siempre ha dado sentido a lo que hacemos: las buenas ideas, las buenas historias. He visto en el FIAP un puñado de maravillosos spots, de esos que en nuestro país ya no se ven desde hace mucho tiempo. Casi todos comparten un mismo tono, el humor, lo que nos debería llevar a pensar si en el viaje al europeismo y a la globalización de nuestra industria publicitaria no hemos perdido nuestra identidad y nuestra capacidad de hacer reír.

    Comerciales para marcas de siempre, como Fernet o Quilmes, de Y&R Argentina, y otros para marcas y categorías a las que nuestros amigos argentinos saben sacar petróleo, como la maravillosa campaña de Del Campo S&S Padres en slips, para BGH -a la que pronostico una marcha triunfal por los festivales venideros-, que me despierta una sanísima envidia y sonoras carcajadas, o un comercial para el diario deportivo Olé, o los spots de DDB México para la bebida energética Gladiator y el canal de televisión VH1.

    Y como no solo de humor vive la publicidad, ahí estaban las campañas para Nike de F/Nazca S&S Brasil, y entre ellas Coisa da Boa, una brillante vuelta de tuerca para un anunciante y una categoría donde creíamos haberlo visto todo. O la campaña Curiosismo para la Pinacoteca de Sao Paulo, preciosista trabajo con una extraordinaria dirección de arte. Sí, dirección de arte, eso que antaño convertía nuestra publicidad en algo bello, innovador y deseable, y que por alguna razón ha sido desterrada, o peor, ninguneada, en la mayoría de las agencias españolas en favor de hordas de programadores, community managers y demás fauna cibernética.

    Mi última reflexión tiene nombre de país: Perú, la gran triunfadora del FIAP de este año, que por primera vez consigue un Grand Prix en un festival publicitario. Con esta campaña, la gente de Y&R Perú no solo ha conseguido llevar a la gloria festivalera a un país que no suele contar en las quinielas, sino que ha demostrado que se pueden hacer las cosas de una forma distinta.

     Documental

     En una categoría como la promoción turística, que no suele resultar muy innovadora y donde abundan los estereotipos y los lugares comunes, sin grandes innovaciones tecnológicas, y sin sofisticadas apps, apostando por un formato a priori muy poco publicitario como es un documental troceado en capítulos, han conseguido dejar un gran sabor de boca a todo el jurado con unas piezas sencillas pero valientes, sin artificios, con un enfoque certero, y una realización fresca, divertida y emocional, que estoy seguro que, mas allá de arrancar los aplausos del público asistente, consiguieron el objetivo para el que fue creada: recuperar en los peruanos, el orgullo de ser peruanos. La gala convertida en una parodia de Monty Python, el jurado bailando al ritmo de Celia Cruz, Rumanía y Perú encaramados en lo alto del podium publicitario internacional, jóvenes creativos latinoamericanos pidiendo hacerse fotos con un señor de Murcia, y una marca de embutidos salvando los muebles de nuestro país; si me pinchan, no me sacan ni gota de sangre. Maldita alergia. Bendita risa