• Opinión

    Mamíferos; por Carlos Holemans

    En algún lugar del planeta el meteorito ha caído ya. Debe haberlo hecho con gran estrépito, pero desde donde estamos no llegamos a oírlo. Seguramente ocurrió hace ya bastante tiempo, pero hasta hace muy poco...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 26 noviembre 2012
  • En algún lugar del planeta el meteorito ha caído ya. Debe haberlo hecho con gran estrépito, pero desde donde estamos no llegamos a oírlo.

    Seguramente ocurrió hace ya bastante tiempo, pero hasta hace muy poco no hemos comenzado a percibir los cambios.

    Las cenizas de la gigantesca y silenciosa explosión cubren ya todo lo que conocíamos. La temperatura ha bajado mucho. El sol ya no luce ni calienta. Es una débil luz que unos días brilla un poco más que otros. Pero ya hace frío de verdad. Algunos de nuestros congéneres han desaparecido. Sospechamos que no volveremos a verles y comienza a extenderse la creencia de que esto es sólo el principio.

    Aún dominamos el planeta. O por lo menos eso creemos. No tenemos competencia. O por lo menos eso creemos.

    Algunos de nosotros somos gigantes acorazados. Otros, ágiles y rápidos depredadores. Unos somos carnívoros feroces. Otros, pacíficos herbívoros. Algunos nadamos en nuestros mares a placer, devorando cuanto se pone frente a nuestras fauces. Otros hemos aprendido tímidamente a volar, decorándonos con plumas y anticipando lo que creemos que será el futuro.

    De algún modo intuimos que éste debe preocuparnos, aunque no sabemos exactamente por qué.

    Somos muchos y muy distintos. Somos, en una palabra, dinosaurios.

    Sin embargo, en un algún bosque de este atardecer cretácico, una pequeña ratita se cobija bajo una hoja de palma. Roe una raíz y ni siquiera repara en los pisotones de los gigantes de afiladas garras. Podrían aplastarla sin darse cuenta. Pero eso es lo que le salva. Ni tan solo se dan cuenta de su existencia.

    Ese pequeño roedor, ridículamente cubierto de pelo y no de escamas, tiene una extravagante característica de la que nadie, ni por supuesto él mismo, es consciente. Puede regular su temperatura corporal.

    Es aún un bichejo insignificante. Hay escarabajos mayores que él.

    Pero aunque nadie lo sabe aún, su misión es evolucionar y dominar el planeta. Reinará sobre lo que sabemos que sabemos e incluso sobre lo que ignoramos que ignoramos.

    Dentro de muy poco se multiplicará y se extenderá por todas las tierras conocidas. Y un día, cuando emerjan los continentes que aún permanecen sumergidos, se enseñoreara de todo.

    Se diversificará en millones de especies de mamíferos diferentes, pero todas conservarán la virtud original. Regularán el calor de su cuerpo y no necesitarán del sol para moverse, como nos ocurre a nosotros, los reptiles.

    Así son hoy los creativos que mañana liderarán la publicidad en nuestro mundo. Los que reinventarán nuestra profesión, como quiera que ésta vaya a ser cuando estos tiempos aciagos amainen.

    La joven directora de arte para quien las tripas de su ordenador viven en comunión con las suyas propias.

    Esa pequeña agencia especializada en redes sociales que comienza a crear contenidos sin que hasta hace muy poco supiera cómo hacerlo.

    El ingeniero informático, devoto de la robótica y programador en una agencia, que sueña con que las latas de refresco tuiteen su posición y conversen con la gente.

    El fotógrafo que rueda documentales, los monta en su casa sin necesidad de productora y se los vende directamente al anunciante.

    El diseñador que no sabe que escribir es algo que no se espera de él y que, justamente por ello, lo hace con más frescura e espontaneidad.

    Aquel otro grupo de creativos que fundaron una empresa de eventos, y se fueron liando, liando, hasta convertirse en una productora audiovisual.

    Aquel anunciante que pidió una campaña y le trajeron un juego on line. Y lo aprobó.

    Cualquier joven que nunca conoció la vida cómoda y que por tanto siempre ha caminado fuera de la zona de confort.

    Peludos

    Todos ellos son gente roedora y peluda, termorregulada y con capacidad de adaptación.

    Ninguno es reptil. Alguno incluso parece ratoncillo.

    No son gigantes feroces, aunque ya causan mucho respeto en quien sabe mirar.

    Ellos dominarán la tierra, lo que conocemos y lo que aún ni sospechamos.

    Permitidme que este dinosaurio que soy les dé la bienvenida.

    Adelante, mamíferos. Todo vuestro.

    Mamferos ilustracion

    Carlos Holemans/ Ilustración: Jordi Carreras

    photoconhache@anuncios.com