• Opinión

    Mar de dudas

    Vivimos sumidos en la duda constante. Quien tiene un trabajo, duda en cambiarse a otro mejor por si hay gato encerrado. Quien tiene una casa que vender, duda si vender ahora o pasados dos años. Quien tiene una...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 8 octubre 2012
  • Vivimos sumidos en la duda constante. Quien tiene un trabajo, duda en cambiarse a otro mejor por si hay gato encerrado. Quien tiene una casa que vender, duda si vender ahora o pasados dos años. Quien tiene una casa que comprar, se pregunta si tiene que comprar ahora, o dentro de cuatro años. Quien tiene 800 euros para gastarse en nuevas tecnologías tiene la duda de si comprarse una buena tableta, un ultrabook mediano, o un súper teléfono con pantalla grande. Y quien no puede hacerse tales preguntas porque no tiene trabajo, duda de si tendría que intentar irse fuera. Si el parado o próximo a estarlo es un publicitario español, entonces la duda se extiende a cuál sería su destino ideal.

    Tiene un colega en México, donde los narcos cuelgan a sus colegas de los puentes una vez decapitados, donde desaparecen mujeres todos los días en Ciudad Juárez y donde en el DF hay una contaminación que ríete tú de esnifar de la chimenea de una central de carbón. También sabe de un amiguete que trabaja en Colombia, donde la guerrilla está, parece, a punto de ­firmar la paz, pero eso nunca se sabe. La última vez le contó que se vive razonablemente bien con un par de escoltas y chófer. Y quién no conoce a tres publicitarios, argentinos o expatriados, en la Argentina de la señora Kirchner, esa señora que un día se levanta atravesada y larga a todos los españoles con viento fresco. O en Chile, tan exitoso, pero donde de vez en cuando arrea un terremoto seguido de maremoto que se lleva por delante dos ciudades. O en Perú, donde también hay terremotos, pero está casi todo por hacer en marketing (seguro que Figari me va enviar un mail después de esto). Creo que Venezuela no entra en la baraja del mar de dudas, salvo que el salario pueda duplicar el servicio habitual en Colombia.

    Y cuando el publicitario en paro, o casi, ya se ha decidido, entonces un amigo listo le suelta: «¿Si están tan bien, por qué se vienen ellos aquí?». Sólo necesita esa pregunta tan tonta para echarse atrás, sin más análisis. Entonces, enciende la tele, escucha el noticiario mientras echa una mirada a la prensa en internet y, tras diez minutos de declaraciones, manifestaciones y entrecomillados de políticos españoles, autonómicos o europeos, la duda empieza de nuevo: ¿México?, ¿Londres después de El inglés en mil palabras?, ¿Colombia?…Y así se pasan los días.

    David Torrejón es Director editorial de Publicaciones Profesionales