• Opinión

    No quiero ir al espacio

    Decíamos hace unas semanas que el efecto Felix (Red Bull) iba a hacer mucho daño este año. Bien, ya tenemos el primer ejemplo: Axe quiere enviar a veinte individuos al espacio. ¿Alguien en su sano juicio...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 21 enero 2013
  • Decíamos hace unas semanas que el efecto Felix (Red Bull) iba a hacer mucho daño este año. Bien, ya tenemos el primer ejemplo: Axe quiere enviar a veinte individuos al espacio. ¿Alguien en su sano juicio preferiría la tortura necesaria para llegar a ese punto, seguida del peligro de verse rostizado en el espacio, en lugar del dineral que debe costar cada asiento en la nave? Yo, desde luego, no. Incluso si recuperara mis veinte años de tumbadas en motos comatosas y otras formas poco confesables de generar adrenalina, elegiría lo segundo.

     

    Pero está claro que si últimamente hay alguien que sabe lo que se hace en marketing, ésos son los señores de Unilever. Así que más vale pensarlo un poco más y, si lo hacemos, llegaremos a la conclusión siguiente: no les importa nada que a la gente el incentivo no la lleve automáticamente a elegir Axe, o al menos no en la misma medida que un premio de 20 millones de euros. Como en el viejo chiste, aquí hay que decir eso de: «Tú no has venido a cazar osos…»

     

    En realidad, lo genial de la acción es que se trata de una campaña de publicidad disfrazada de promoción: no pretende cazar osos, pretende … que todo el mundo hable de ella, que se genere un acontecimiento, viralidad, un espectáculo, trascender el branded content y llegar al global branded show. En definitiva, un Felix mucho más largo y con toda la artillería publicitaria de Unilever detrás. No sé que va a venir luego, pero seguro que nos vamos a ir enterando.

     

    Y desde luego estaremos conectados (a un canal que habrá pagado por ello) el día en que el avión extraorbital despegue, contemplaremos las caras de angustia de los participantes, de sus madres, de sus novias (varias por cabeza) oliendo arrobadas las camisetas usadas de sus amados astronautas. Seguiremos con morbo la cuenta atrás, la ignición, el despegue y recordaremos las imágenes del transbordador de la NASA haciéndose mixtos en la atmósfera. No podrá terminar la cosa con un salto en paracaídas, pero el aterrizaje y la entrada en la atmósfera con la pérdida momentánea de la señal tampoco nos lo perderemos.

     

    Porque la verdad, yo querer no quiero ir al espacio, pero me apuntaría a ver el espectáculo.

     

    David Torrejón

    Director editorial