• Opinión

    ¿Se puede ser feliz debiendo 800.000.000.000 euros?; por Pedro A. García

    Mil millones arriba o abajo es la deuda española. Tocamos a 20.000 euros por celtíbero. Si todos los habitantes planetarios decidieran rescatarnos, con un donativo de cien eurillos por cabeza nos arreglábamos....

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 2 mayo 2012
  • Mil millones arriba o abajo es la deuda española. Tocamos a 20.000 euros por celtíbero. Si todos los habitantes planetarios decidieran rescatarnos, con un donativo de cien eurillos por cabeza nos arreglábamos. Según los datos de Carmelo Vázquez, expuestos en el segundo congreso Coca-Cola de la felicidad, estamos autorizados a ser felices a pesar de esas inconveniencias contables.  Un ejemplo, los índices de felicidad de los norteamericanos permanecen estancados o a la baja, mientras que su nivel de renta ha crecido históricamente. 

    Parafraseando la  sabiduría popular, si debes 1.000 millones  a los mercados tienes un problema, si debes 800.000, son los mercados los que tienen el problema.

    Promover la felicidad al margen de la imperfección del entorno no es un ejercicio irrelevante. Todo lo contrario, es estratégico y fundamental para mejorar la eficiencia del gasto público. Por ejemplo, para ahorrar en sanidad, puesto que las personas felices enferman menos. Lo malo es que se incrementa la esperanza de vida, perverso fenómeno de cuyas consecuencias nos alerta el economista Erik Oppers del FMI. De hecho, otro de los extraordinarios ponentes del congreso,  Rojas Marcos, psiquiatra en Nueva York, (la fuga de cerebros ya viene de antiguo) comentó un estudio en que aquellos jugadores de baseball que mostraban la sonrisa Duchenne en los cromos de los años Veinte del siglo pasado, superaron con frecuencia los 80 años de vida. Y los que presentaban una sonrisa Ryanair fallecieron diez años antes en promedio.  Aquí hay que explicar que la primera es el síntoma externo de la felicidad, (según el médico francés Guillaume Duchenne , quien aplicaba descargas eléctricas a los pacientes  en sus investigaciones). La de los empleados de Ryanair falsamente risueños según el ponente, demuestra lo contrario (creo que no viaja en Iberia).

    La aerolínea pintorescamente dirigida por Michael O’Leary  abarata el transporte aéreo, crece y es sostenible, lo mismo que Ikea en el universo del mueble. Hay muchos ejemplos de empresas que buscando la eficiencia han redefinido su negocio con éxito. Estamos en el kilómetro cero (magister dixit) de las reformas para mejorar la eficiencia de la Administración pública y sus servicios. Sería estimulante que este proceso integre  cambios de modelo como en estos ejemplos empresariales, más allá de la traumática amputación presupuestaria.

    Rojas Marcos también mencionó en su ponencia al menos diez protectores de la felicidad. Uno de ellos era narrar, hablar y explicar. Las marcas que no hablan seguramente son marcas infelices. Las autoridades, para evitar su infelicidad, tienen que explicar creíblemente  a  los yayoflautas  (¿estará inspirada esta épica  gerontosublevación en el inefable Allan Karlsson, el centenario Forrest Gump sueco?) y a la población general los beneficios de las nuevas políticas. Del mismo modo que las multinacionales españolas deben explicar mejor  sus programas de responsabilidad  social e invertir en su  reputación corporativa. Quizás así pueden dificultar las negativas consecuencias de histerias presidenciales rioplatenses o de otro ámbito geográfico. Hagamos las Américas responsablemente. (sugiero al lector documentarse de cómo se trataba la histeria femenina en una de las practicas mas delirantes de la historia médica, junto con las tradicionales sangrías)

    Algunos políticos deben ser bastante felices porque, aunque ellos nunca piden perdón como hemos descubierto recientemente en una carambola borbónica, no paran de hablar. Otros sin embargo hacen como Mou, ese talentoso entrenador con carácter, y le pasan el micro a su segundo. ¡Ah infelices!

    Telepizza

     El otro día estuve una hora y media hablando ininterrumpidamente  (por Skype claro) con unos bálticos que estaban en Tallinn (donde también usan el  euro) y mi felicidad subjetiva aumentó marginalmente. Me interrogaban sobre mi versión de para qué sirve un fan. Lo bueno de los fans es que son muy apañados para establecer objetivos en las campañas de RRSS, porque se pueden cuantificar. El que se conviertan en apóstoles de la marca  es otro cantar. Eso si, les narré  el caso Telepizza y su habilidad para convertir  fans en consumidores: van por 900.000 y prácticamente todos compran pizzas on line. San Bernardino de Siena, patrono de la publicidad y disciplinas asociadas, favorece a las marcas que activan su comunicación cerca de la ocasión de compra, como  los Telepizzas en lo digital.

    La diversificación es otro de los protectores  de la felicidad. Tener hobbies trabajos y aficiones en diversos ámbitos. No solo para la felicidad, sino para la supervivencia, tenemos que ser varias cosas al mismo tiempo. Es el espíritu leatherman, la herramienta de las múltiples hojas que mola más que la entrañable navajita del ejercito suizo. Nathan Myhrvold, promotor de Modernist Cuisine: The Art and Science of Cooking, que estuvo en Madrid Fusión, parecía un tipo explosivamente feliz… y extraordinariamente diverso.  Cocinillas referente mundial, socio fundador de Microsoft, creador de Intellectual Ventures, la empresa con mas patentes del mundo….  Tal vez sería mejor que el salvador de España fuera Myhrvold mas que Adelson.  Las patentes mejor que las ruletas. Las tapas ilustradas mejor que las tragaperras.

    Que pena. Nathan me chafa la teoría subyacente de este escrito, porque es asquerosamente multimillonario.

    pedroagarcia.wordpress.com