• Opinión

    Una Academia para todos

    Este es el editorial que se publicará en el Nº 1647 de ‘Anuncios’ (27 de septiembre). Debido al interés del tema, lo adelantamos hoy en Anuncios.com

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 17 septiembre 2021
  • La Academia de la Publicidad, iniciativa de Julián Bravo, Augusto Macías, Francisco González Romero y unos pocos más, ha sido y es un pequeño milagro en nuestro panorama asociativo, regido por intereses sectoriales y empresariales. En un entorno tan competitivo parecía imposible que cuajase una asociación que aspirara a representar a todos quienes forman el ecosistema publicitario, agencias, anunciantes, productoras, medios… Un pequeño milagro al que este medio y algunos de sus directivos han estado unidos desde su puesta en marcha.

    Desde esa cercanía hemos podido observar cómo el sueño de unos románticos crecía y se hacía una realidad tangible. Unos románticos que en sucesivas juntas directivas han dedicado muchas horas y siempre pro bono al objetivo de mejorar la consideración social de la publicidad. Después de muchos años de esfuerzo sordo y no siempre correspondido, la Academia, con unos medios escasísimos y un número de socios aún muy por debajo de los que debería, ha conseguido el alto grado de reconocimiento que ahora ha alcanzado.

    Quizás por ello ha comenzado a ser objeto de disputa. La última Asamblea Ordinaria en la que se eligió la nueva junta hizo aflorar tiranteces que ahora se han exacerbado con un Manifiesto firmado por un grupo de socios y exsocios, incluidos algunos Académicos de Honor. Todo él parece diseñado para dar la impresión de que no hay nada bien hecho en la Academia. Empezando por la propia Asamblea de la que este medio fue testigo y partícipe, en la que solo se presentó una candidatura, que resultó elegida y en la que se intercambiaron opiniones con los opositores a la candidatura con total transparencia e incluso crudeza. Se habla de irregularidades en el proceso preelectoral cuando este no está regulado de ninguna manera. Se discuten unos Estatutos y un Reglamento de Distinciones aprobados en asamblea con el voto de varios de los firmantes. Se hace entrever que los socios colectivos tienen más peso en las votaciones por tener tres representantes, cuando de muchos de los firmantes es de sobra conocido que solo tienen un voto, igual que un socio individual. Y se cita como dejadez de la junta la ruptura con la RAE, cuando ya se explicó en anteriores Asambleas que el nuevo director de esa casa decidió romper con todo lo realizado por su antecesor, incluido el convenio con la Academia de la Publicidad.

    Otros aspectos del Manifiesto respecto a las consideraciones para ser Académico de Honor por parte del Jurado, como la rebaja de los 30 a los 20 años de trayectoria o la consideración de si el publicitario candidato ha fallecido, son cuestiones que sin duda deberán replantearse. Pero donde el Manifiesto denota una cierta pérdida de sentido de la realidad es en el argumento de que un profesional que ha dedicado su vida a la publicidad desde anunciante no es un publicitario y por tanto no puede presidir la Academia. Recordemos que desde los tiempos de Julián Bravo hasta la última elección, han sido elegidos como Académicos de Honor profesionales que han trabajado principalmente en el anunciante. De la misma forma que los hay de los medios, de la producción, de las relaciones públicas e incluso del periodismo especializado. Ser Académico de Honor de la Academia de la Publicidad lleva intrínsicamente unida la condición de publicitario y argumentar que cualquiera de ellos no tienen la condición suficiente para ser presidente de la Academia carece de sentido.

    El nuevo presidente de la Academia, Félix Muñoz, Académico de Honor y con una larga carrera centrada en el anunciante, se comprometió ante la Asamblea de julio a realizar una encuesta para conocer la opinión de los socios acerca de la institución, que sirva de base para el desempeño de la nueva Junta. Ya ha cumplido.

    Por el bien de este pequeño milagro dejemos que asuman su tarea,  confiemos en que la sangre no llegue al río y  sigamos teniendo una Academia de y para todos.