Hay partidas que solo se ganan al rendirse. La que propone Turismo de Andalucía comienza en unos recreativos de Tokio y termina en el desierto de Tabernas, después de atravesar un universo en el que el patrimonio andaluz se transforma en escenarios y desafíos de videojuego. Es el recorrido de The Surrender, el cortometraje creado por Ogilvy que pone el cierre a tres años de Andalusian Crush. La pieza, de más de cinco minutos y con música original de Hans Zimmer, se ha estrenado en la Comic-Con de Málaga.
Su protagonista es Mitsuki, una joven japonesa que se refugia de la lluvia en un salón recreativo y descubre una máquina arcade que la transporta a un mundo desconocido. Para completar la aventura tendrá que superar distintos niveles inspirados en las ocho provincias andaluzas y descubrir una regla que cambia el sentido de la partida: la única forma de ganar es rendirse ante Andalucía.
El relato se adentra en el isekai, un género del anime japonés en el que el personaje principal es transportado a un universo paralelo. Desde ese punto de partida, el corto combina referencias al cine, la ciencia ficción y la cultura pop con géneros y mecánicas reconocibles del videojuego.
La producción ha requerido más de medio año de trabajo y la participación de más de 150 profesionales, según ha explicado la agencia. La pieza combina animación 3D, rodaje en imagen real y captura de movimiento con técnicas de inteligencia artificial integradas en distintas fases del proceso. Roma firma la producción, con postproducción de McNulty y Sauvage, gestión de WPP Production y diseño sonoro de Isilik.
Por su parte, Hans Zimmer vuelve a acompañar a la marca en esta entrega. El compositor amplía la pieza creada para la campaña anterior con un desarrollo sinfónico que sigue el viaje de Mitsuki y da continuidad musical al universo de Andalusian Crush.

El patrimonio cambia de pantalla
Guiada por un colgante del Bronce Carriazo, Mitsuki inicia su recorrido en un pueblo blanco de inspiración lorquiana, bajo la mirada de Bernarda Alba. Allí se enfrenta al Morcho, una criatura del folclore andaluz que, según la tradición recogida en la nota, presagia la muerte.
El barroco sevillano se convierte después en un juego de plataformas entre obras de Zurbarán, Murillo, Ribera y Valdés Leal. La protagonista esquiva al esqueleto de In ictu oculi, pide ayuda a las santas Justa y Rufina y salta al vacío desde La Colosal, la Inmaculada Concepción de Murillo.
La siguiente fase la sumerge en una Atlántida que reúne referencias a la herencia marítima gaditana y malagueña. En Granada, la aventura adopta la forma de una secuencia de parkour: arranca en el Patio de los Leones de la Alhambra y lleva a Mitsuki en tirolina sobre los tejados del Albaicín hasta un portal interdimensional.
También el flamenco encuentra su propia mecánica de juego. En Tablao Battle, un escenario inspirado en los combates cara a cara, Mitsuki se enfrenta a The Monk, que la golpea con la fuerza de un “superquejío por seguiriyas” bajo la mirada de La Matriarca.
El recorrido acelera a través de la Geoda de Pulpí, los Incensarios de Loja, los olivares de Jaén, Doñana —con un lince ibérico que devora una carabela de Colón— y los arcos de la Mezquita-Catedral de Córdoba. La última pantalla espera en el desierto de Tabernas, escenario de los spaghetti westerns de Sergio Leone, donde un misterioso jinete revela la clave para completar la partida.

Una despedida para ‘Andalusian Crush’
The Surrender culmina una plataforma que ha recibido el Gran Premio Nacional de Creatividad y el Gran Premio El Sol, además de reconocimientos en Cannes Lions, Clio Awards y los Premios Eficacia.
“Este proyecto nos deja un sabor agridulce por varios motivos. Por un lado, porque es una especie de despedida de Andalusian Crush, una plataforma de marca que vimos nacer y que nos habría encantado seguir enriqueciendo”, señalan Juan P. Moreno y Javier Senovilla, directores creativos ejecutivos de Ogilvy. Los responsables creativos destacan también las condiciones en las que han desarrollado la plataforma: “Durante todo este tiempo hemos trabajado con una libertad y una ambición creativa que, en la industria publicitaria actual, parecen estar en peligro de extinción”.






