Hoy volví a entrar en LinkedIn y, de nuevo, me enamoré. Me enamoré del aprendizaje que se destila en cada scroll. Del privilegio que supone el sumergirme a voluntad en un mar de posts donde millones de influencers con muy poca influencia elevan a categoría budística cualquier hecho banal que haya sucedido el finde. Por ejemplo: ¿qué podemos aprender, señoras y señores, de los therians y...
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