“El diseñador de la España de la Transición”. “Arquitecto visual de la democracia española”. “Modernizador de la imagen de la España actual”. Se ha muerto Cruz Novillo y esos son algunos de los calificativos que le dedican los medios españoles. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se refirió a él como “referente del diseño”.
No es una hipérbole: a lo largo de su carrera, Cruz Novillo recibió el Premio Nacional de Diseño y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, entre otros méritos.
En definitiva, se nos ha ido uno de los grandes líderes creativos nacionales del último medio siglo. Al enterarme de la noticia, mi primer reflejo fue ir a comprobar en qué año le habían otorgado el CdeC de Honor, la mayor distinción que otorga el Club de Creatividad desde 2006.
Pues bien, Pepe Cruz Novillo se ha muerto sin recibir el CdeC de Honor. Asumo que la omisión no se debe a que su trabajo no mereciera el premio, sino a que su ámbito profesional del diseño gráfico no se incluye entre aquellos que se consideran como parte del CdeC. Es decir, que Cruz Novillo no era creativo.
Quizá por esa omisión, Cruz Novillo ofrece una oportunidad para poner sobre la mesa cuál es, o cuál debería ser, el ámbito de actuación del Club de Creatividad.
Mi opinión personal es que, en el caso específico de Cruz Novillo, hay poco margen para el debate: fue él el creador de la identidad gráfica de muchas de las marcas con las que trabajan cada día los publicitarios de este país como Renfe, Repsol, Correos, El Mundo… Y el hecho de que no se reconozca su trabajo hace un poco más irrelevante al CdeC.
Hace algunos años, el CdeC decidió resignificar su segunda c, pasando de Club de Creativos a Club de Creatividad. Lo que era a priori un ejercicio de inclusión escondía una oportunidad: abrir el club a la creatividad en sentido amplio, mucho más allá de la creatividad publicitaria que está en el origen de la asociación.
Hasta dónde abrir el ámbito de influencia del club es el gran melón. ¿Es cualquier actividad creativa susceptible de formar parte del CdeC? ¿O debería formar parte de él solo la creatividad comercial, aquella que trabaja para acelerar el crecimiento del negocio de sus clientes?
Mi opinión personal: el Club de Creatividad debe ser una comunidad de personas que trabajan en el desarrollo de ideas para marcas. Lo hagan o no desde una agencia publicitaria y tengan esas ideas un formato u otro.
La desaparición de Cruz Novillo, en fin, es una gran oportunidad para que el CdeC se plantee si quiere realmente ser el club de creatividad o prefiere conformarse con seguir siendo un club de publicidad.
Y quizá la manera de simbolizar esta visión abierta de la creatividad sea otorgar el CdeC de Honor a título póstumo a un referente del diseño como Cruz Novillo.

