Detrás del momento histórico que estamos viviendo en la industria cinematográfica de nuestro país, hay varios responsables, uno de ellos es Domingo Corral.
Él apadrinó proyectos como Sirat, nominada a los Oscar, El ser querido, de Sorogoyen, o La bola negra, de los Javis, que han ido a la sección oficial de Cannes y, en el caso de este último, ha vuelto con el premio a la mejor dirección.
Hoy pueden parecer apuestas seguras, pero en su momento no lo eran tanto.
“Solamente la gente que arriesga cambia las cosas”. Esta frase le soltaron un día a Domingo. Me cuenta que nunca la olvidó. La persona que se la soltó era Luis Miguel Gilpérez, presidente de Telefónica, que apostó por la producción original y fue la persona que estuvo detrás de la valentía de Domingo; el que, en su día, le dio recursos y confianza para que este, a su vez, se los diera a otros.
Me cuenta Domingo, con una convicción muy clara, que de lo que más se fía para elegir una historia es de la persona que está detrás.
En su conversación salen nombres y apellidos de personas constantemente, como el del padre Alcalá, jesuita encargado del cineclub de su colegio, la persona detrás de su pasión por el mundo del cine. “Como los jesuitas son muy rigurosos, si te ponían Ingmar Bergman, te ponían todo Bergman o todo Kubrick”. Me cuenta que así se fue formando.
“Primero: la persona. Siempre”, me dice. “Una misma historia contada por personas diferentes siempre será una historia diferente. Necesitamos voces singulares. Es lo más importante”.
Siento el honor de haber podido escuchar a Domingo Corral. Cuando charlas con él, entiendes a quién tienes delante. Un buscador de ambición artística. Uno bueno y audaz.
Acabaría con una conclusión sobre la necesidad de poner delante a esas personas que siempre suelen estar detrás… pero me cuenta Domingo que le gustan los finales que dejan espacio al espectador para que saque sus propias conclusiones.
Xisela López.
Aquí, la charla completa:

