• Opinión

    39.000 razones para creer; por Mario Sánchez del Real

    Pues es complicado resistirse a hablar del tema cuando uno mismo junto a sus enanos se vio más de una hora del coñazo de las subidita del menda este de nombre innombrable. Pero lo hice. Ala, ahí es nada, solo...

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      • Editorial de Anuncios
    • 12 noviembre 2012
  • Pues es complicado resistirse a hablar del tema cuando uno mismo junto a sus enanos se vio más de una hora del coñazo de las subidita del menda este de nombre innombrable. Pero lo hice.

    Ala, ahí es nada, solo 39.000 metros de altura fue el lugar escogido por los de los toritos rojos para colocar su out of home más sonado. O mejor dicho, un claro out of the box.

    OOH, PR, especial de tele, branded content, digital, social media, etcétera, etcétera…, fuera de la caja, del tiesto y casi de la estratosfera. Multicisciplina de la buena, porque no se piensa en ninguna en particular, pero acaba rellenando y pegando fuerte en todas en particular. Buena cosa esto de no saber por dónde coger una de las campañas más bestias de los últimos tiempos, sino la más. Ya le sacan brillo al leoncito dorado de best integrated campaign en Cannes.

    No es que quiera ser un antisistema publicitario, pero ¿dónde estaba el famoso concepto en esta acción? No lo busquen más, no estaba. O al menos si lo había está muy subyacente a la idea. Una idea quizás no mucho mejor que otros records con nombre de cerveza negra o similares, solo que sí mucho más grande, más alto en sus miras.

    Igual en el mundo que vivimos (publicitariamente hablando), esté cambiando la adoración al becerro de oro del concepto por otro becerro muy, pero que muy relleno de contenido. Un becerro gordo que parece un toro, o dos. Contenido que tiene tanto o más sentido que un concepto. Seguro que si tienes ambos, concepto y contenido, la cosa igual mejora, pero está claro que no hace falta tener ambos.

    No nos engañemos, el triunfo de Red Bull Stratos no está en el propio salto. ¿O es que alguien de verdad pensaba que el tío este se metería un piñazo o no sobreviviría al salto?

    Una amiga publicista el otro día me confesaba haberse quedado un poco plof con este tema, y me dijo con cara extrañada; "Pero es que… el tío no ardió, ¡no ardió!», dando por hecho que algo mucho más dramático e incendiario sucedería. Gran frase. Otros twitteaban como locos cómo el tal Felix Baum-loquesea se la iba a pegar y acabar como chucrut. Una pena. No es raro, somos grandes consumidores de ocio morboso y este tenía pinta de serlo. O quizás nos lo hicieron creer. Creo que más bien lo segundo.

    Muy cuadrados

    El riesgo estaba más medido que el ancho de las caderas de Jennifer López, e igual de oculto, también. Aunque, de todos modos, los toritos coloraos salían ganando igualmente, ¿o no nos imaginamos la repercusión brutal del gran tortazo del chucrut Felix? Mis respetos a este hombre no obstante, porque hay que ser muy austriaco y tenerlos muy cuadrados para asomarse desde allí, mirar para abajo, y saltar, sin gritar ni ná. Un profesional. Un español se hubiera acordado de unos cuantos muertos de otros mientras caía dando esas vueltas a la velocidad del sonido. Seguro que ya hay chistes de "un austriaco, un español y un chino iban subiendo en un globo aerostático y va el español y le dice…."

    Volviendo al hilo. El triunfo no está en una gran acción tan concreta, ni en el branded content de altura, que también. El triunfo es la cabezona apuesta de una marca que desde hace años lleva ligada a una estrategia a largo plazo, la de copar todas aquellas actividades fuera de lo común que existan. Esquí extremo, mountain bike, paracaidismo, alpinismo, motocross, parapente, ala delta, kitesurf, Fómula 1, Moto GP, surf, aviación, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera. Joder, ¡¡¡es que están en todos lados!!! En todos los sitios donde pasan cosas muy chulas, claro.

    Esto tiene un nombre: credibilidad. Hay que tener la credibilidad de Red Bull para hacer esto con Felix y que no sea un fiasco. Aunque no ardiera. Esta credibilidad no se gana en un día, sino en años de hacer muy pero que muy bien las cosas, y creer en que el camino elegido es largo y apasionante. Otras marcas cambian más de rumbo que Marco Polo sin brújula.

    O es que, amigos creativos, no os acordáis de algún briefing de este último año en el que os plantearan: "vamos a explorar el territorio música", por ejemplo. Sí, ese que no ha tocado nadie aún…, ¿Os acordáis, no? Como si un territorio se conquistara con un par de campañitas por aquí y otras por allá, y el año que viene nos metemos en otro territorio, que este nos ha cansado ya un poco… Va a ser que no.

    Rozar la luna

    Pues eso, que el recorrido de esta marca si lo pudiéramos medir en metros de altitud, nos llevaría muy cercanos a rozar la luna o incluso más allá. Son muchos metros, kilómetros, los que lleva de delantera Red Bull a los que quieran, de forma pueril, intentar entrar en este precioso territorio del freestyle radical deportivo en todas sus expresiones y dimensiones. Para mi que lo llevan clarinete.

    Nos queda, eso sí, la gran sensación de que se puede hacer publicidad de un producto sin hacerla, y hasta hablar de un producto sin sacar el producto, generar expectación brutal en todos los medios posibles, usando la tele igual que hace su  primer streaming en directo YouTube por una misma razón, porque valía la pena hacerlo. Todo con un fondo común más básico pero de más calado aún que los conceptos creativos: la marca.

    Señores de Red Bull, sigan adelante en su viaje a la luna, porque muchos los acompañarán, no ya a su producto sino como fieles seguidores de su marca, que ahora puede meterse a hacer camisetas, bicis o productos deportivos, porque lo que es de credibilidad, constancia y fe en obtenerla, van sobrados.

    Gracias por hacernos creer en que 39.000 metros no es nada. ¿Next step, the moon?