• Opinión

    La publicidad descubre al autónomo

    El autónomo es ese individuo que tiene el peor jefe, es decir, él mismo; que trabaja de sol a sol entregado a sus clientes mientras sacrifica a su familia, pero puede parar a tomarse unas cañitas cuando...

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 27 abril 2011
  • El autónomo es ese individuo que tiene el peor jefe, es decir, él mismo; que trabaja de sol a sol entregado a sus clientes mientras sacrifica a su familia, pero puede parar a tomarse unas cañitas cuando quiere; que ahorra en clips, pero puede tener un vehículo en leasing o el último móvil inteligente. Una especie de héroe moderno y, como tal, con claros y oscuros. Ése es el retrato del autónomo que la publicidad transmite desde que las marcas han captado el potencial de ese mercado. Como hijo de autónomo, no puedo estar más contento de que esta especie sea de repente reconocida y homenajeada. Aún recuerdo las colas en la caja de ahorros para pagar a la Seguridad Social todos los meses por encargo paterno, y la cuestión sin respuesta de por qué mi padre no tendría un sueldo fijo como todo el mundo. Antes, ser autónomo en un mundo en el que las empresas incrementaban sus plantillas año a año, no era motivo de envidia, sino todo lo contrario. El objetivo universal era entrar en una gran empresa, especialmente un banco, y tener un trabajo paratodalavida. Ahora, ser autónomo es un honor, el paso previo al idolatrado emprendedor, el único tipo de empresario que pone de acuerdo a derechas e izquierdas. Claro que esa es una situación provisional. Si de autónomo se pasa a emprendedor y de emprendedor a empresario, el glamour se pierde tan rápido como la unanimidad.

    Está muy bien, en cualquier caso, esa reafirmación publicitaria del autónomo. En estos momentos, para muchas personas el autoempleo es la vía más apropiada, por no decir la única, para dejar de ser desempleado, y contemplar un retrato positivo de esa dura opción seguro que socialmente es positivo y anima a más de uno. Y si a ello sumamos la actividad constante de empresas como CEAC o CCC, está claro que el Gobierno tiene una deuda pendiente con la publicidad.

    Pero, como siempre, no todo son ventajas. El autónomo es el estado laboral más próximo a la economía sumergida y al sin iva, por un lado. Por otro, es el recurso habitual de empresarios sin escrúpulos, bastantes de ellos en comunicación, por cierto, para aligerarse de costes salariales a base de falsos autónomos con horario, pero sin vacaciones ni otros derechos. A estos últimos, la gracia de que son su propio jefe, maldita la gracia que les debe de hacer.

     David Torrejón

    Director editorial