• Opinión

    Más juntos que nunca

    Quizá no nos veamos, no nos abracemos, no quedemos en los bares, no trabajemos en la oficina, no juguemos en los parques, no vayamos de tiendas, no llenemos los estadios, no brindemos en comidas familiares…...

      • Autor
      • carlos sanz de andino
    • 16 abril 2020
  • Quizá no nos veamos, no nos abracemos, no quedemos en los bares, no trabajemos en la oficina, no juguemos en los parques, no vayamos de tiendas, no llenemos los estadios, no brindemos en comidas familiares… Hoy, más de un tercio de la humanidad ha abandonado las calles, los cielos, los mares, y entre cada ser humano hemos dejado dos metros de separación. Y, sin embargo, en estos tiempos raros, no puedo evitar sentir que podemos estar más juntos que nunca.

    Juntos, porque nos unen muchos sentimientos, muchos miedos y muchas esperanzas. Nos une el agradecimiento a médicos, sanitarios, cajeras, soldados, policías, camioneros, agricultores… Ellos han cambiado nuestra definición de héroe. Y, de la noche a la mañana, muchas de esas distancias insalvables que nos enfrentaban hace apenas unos días se antojan diminutas, casi absurdas, porque tenemos que combatir a un enemigo de rango superior. Al final, la tercera guerra mundial no se ha desencadenado entre nosotros, sino contra un virus que nos ha devuelto a la base de la pirámide de Maslow. Y solo podremos vencerle juntos. Cualquier otra disputa deberá aplazarse. Ya consideraremos más adelante si vale la pena retomarlas. Casi todos lo han comprendido. Casi todos.

    Y parte de ese nuevo sentimiento se está plasmando en iniciativas que parten de las personas, pero también de las marcas: Zara fabrica batas y mascarillas en vez de faldas y echarpes; otros, que no fabrican, como Másmovil o Baviera, las donan; si hace falta traer respiradores, Iberia ya ha habilitado un corredor aéreo; Movistar, Sky, el Teatro Real o Conde Nast abren sus contenidos; cadenas hoteleras como RoomMate o NH alojan a personal sanitario; Pernod Ricard produce geles desinfectantes con su alcohol; Auara dona botellas de agua a los hospitales; Sanitas se viste de pública; el Santander, Bankinter o Ibercaja apoyan a pymes, autónomos y particulares; Casa Tarradellas hace máscaras protectoras; Merlin condona la deuda a comercios afectados por el cierre; Hyundai o Kia ceden sus coches; McDonalds o Telepizza regalan comida… Y Mapfre, el BBVA, Renault, Iberdrola, Coca Cola… decir con hechos
    La comunicación de las marcas se ha transformado en menos decir y más hacer, más arrimar el hombro donde se necesita de forma relevante, con su producción o con sus donaciones. Es otro tipo de comunicación. Decir con hechos. En estos tiempos, es lo que el mundo pide a gritos; y los consumidores – hoy, menos consumidores y más personas frágiles – no lo olvidarán.

    Y mientras, pequeños tenderos valientes acercan la compra a las casas; artistas dan conciertos en sus redes; se regalan clases de zumba, de yoga, incluso ayuda psicológica… La gente da lo que tiene… Señoras en sus casas tejen mascarillas… Pueblos enteros, que antes hacían muebles, confeccionan batas… Restaurantes de carretera dejan comida gratis para los camioneros…
    Unos manitas reconvierten máscaras de buceo en respiradores… Policías cuentan chistes y cantan para los vecinos… Sanitarios hacen vídeos optimistas desde el frente, mientras se la juegan… Y la gente aplaude en sus balcones.

    Carlos Sanz de Andino OK

    Cada día surgen nuevas historias que animan a otros a unirse y a crear más historias. Y juntas son el relato de lo grande que puede ser el ser humano cuando se crece ante la adversidad. Estamos separados, sí… pero hay algo que está desdibujando nuestras fronteras como personas y como sociedad. Algo que nos hace estar más juntos que nunca. Cuando todo esto acabe, que acabará, el mundo habrá cambiado. Es una época dura, pero está llena de aprendizajes sobre lo que de verdad importa.

    Cuando escribí mi último artículo había 79 infectados en España, pero la cifra avanzaba despendolada. El día de su publicación – el mismo que se cerraron los colegios- eran más de 3.000. Hoy, un mes después, se han multiplicado por mil, y, cuando este artículo se publique, esos 79.000, si no media milagro, se habrán catapultado. Por eso tenemos que seguir luchando, tenemos que seguir creyendo, tenemos que seguir haciendo… Y tenemos que seguir juntos.