• Opinión

    Mirando al Sol

    El Sol celebra esta semana una nueva edición que, si nos atenemos a las coordenadas de tiempo y espacio podríamos definir como la número 28 desde que se inició el certamen, la segunda en la sede de Bilbao....

      • Autor
      • Editorial de Anuncios
    • 27 mayo 2013
  • El Sol celebra esta semana una nueva edición que, si nos atenemos a las coordenadas de tiempo y espacio podríamos definir como la número 28 desde que se inició el certamen, la segunda en la sede de Bilbao. Además, este año se cumplen diez desde que el festival celebrara su primera edición abierta a la participación internacional. El festival llega con un recorte en el número de inscripciones que se produce tanto desde España como desde los mercados foráneos, aunque en éstos es más acusado. Sin duda la crisis puede haber influido en esta reducción de la participación, sobre todo en el caso del atribulado mercado español, pero también tienen su peso, a decir de la organización y según se recoge en este número, las decisiones concretas de algunas agencias (Almap BBDO y Ogilvy México son los dos nombres que se citan) de reducir drásticamente su participación y las políticas restrictivas en este sentido de algunas redes, que aconsejan a sus oficinas concentrarse en los festivales más importantes, sobre todo en Cannes, lo que va en perjuicio del resto. Los mercados internacionales han de ser el gran vivero de inscripciones para El Sol. Primero, porque al menos a medio plazo, no parece que España ofrezca mucho margen para el incremento y en cambio Iberoamérica sí parece un terreno en el que todavía quedan oportunidades por explotar en este sentido; y segundo, porque si El Sol quiere en verdad responder a su marca de festival Iberoamericano de la Comunicación Publicitaria, debe contar en sus lista de inscripciones con un material procedente del otro lado del Atlántico abundante y representativo; si no, siempre sufrirá en comparación con sus competidores. Parece que la labor promocional de El Sol que in situ realizó en otros años la AEACP dio buenos frutos, y seguro que no hace falta aconsejar aquí a la asociación que la retome en cuanto que sus finanzas le den un pequeño respiro. Otro aspecto que da categoría y empaque a un certamen publicitario es el programa de actividades paralelas a la propia competición. Son tiempos complicados económicamente para alardes en este sentido, pero la AEACP debe poner en marcha todos los recursos que estén en su mano para atraer profesionales de calidad a esa faceta del certamen. Desde hace ya años el nivel de un certamen publicitario se mide también por el nivel de las figuras que es capaz de incluir en su programa de actividades.

    Por otra parte, El Sol de este año permitirá comprobar cómo se va asentado el certamen en la capital bilbaína y hasta qué punto el cambio de sede se va percibiendo como un acierto. También pondrá a prueba el nuevo reglamento aprobado después del festival de 2012 para tratar de evitar las situaciones polémicas que surgieron el año pasado, cuando algunas pizas galardonadas fueron acusadas de plagio. Se estrenará asimismo una oficina en la que los delegados podrán hacer efectivas sus quejas ante eventuales incumplimientos del reglamento. Sería interesante comprobar su funcionamiento y si es efectiva, pero parece mucho más saludable desear que la competición transcurra por el cauce reglamentario y la oficina no tenga que actuar. (Quizá en este punto quepa hacer un llamamiento a la responsabilidad de las agencias en el sentido de que cumplan con las reglas, pero la experiencia demuestra que la tentación de la copia y sobre todo del trucho parecen irresistibles para muchos).

    El último reto al que se enfrenta El Sol 2012, y parece que la organización es bien consciente de ello, es el de la gala de entrega de premios. No son actos fáciles de solventar con brillantez pero los trabajos y profesionales ganadores, y sobre todo los delegados, merecen que se haga el mayor esfuerzo posible en tal sentido.