• Opinión

    Esther

    Querido Miguel

    Corrían mediados los 80 cuando me concediste una primera entrevista sobre la campaña recién estrenada de Ducados bajo en nicotina. Y como no podía ser de otra forma, cuidando al máximo esa puesta en escena de...

      • Autor
      • Esther Valdivia
    • 10 mayo 2021
  • Corrían mediados los 80 cuando me concediste una primera entrevista sobre la campaña recién estrenada de Ducados bajo en nicotina. Y como no podía ser de otra forma, cuidando al máximo esa puesta en escena de la que tanto disfrutas, propusiste como lugar de encuentro ese precioso jardín de vuestra agencia en Vitruvio 30. Tú sabías que el gesto no sería baladí y que me atraparía de por vida en la fascinación por este mundo publicitario, donde me enseñaste que la creatividad se entremezcla con la estrategia más depurada, la belleza es un arma sofisticada de venta y la importancia de trabajar en equipo sin darle aire a los egos, que solo algunos de vosotros, magos creativos, sabéis aplicar con generosidad.

    Desde entonces, y mira que han pasado años, no has dejado un momento de compartir tu gran pasión por las palabras y la Creatividad en mayúsculas, que manejas como nadie, aliñado con tu tranquila reflexión sobre el negocio y ese fino olfato que te caracteriza para descubrir el talento entre los jóvenes, que se acercan hasta ti buscando mentor y maestro.

    Los años pasaban y a la vez que añadías apellido multinacional a tu agencia en 1989, Vitruvio Leo Burnett, nosotros aumentábamos la redacción de Anuncios y preparábamos la salida de dos nuevas cabeceras. ¿Recuerdas? Cuántas llamadas a horas intempestivas y cuánta conversación, justo al comienzo del siglo XXI, cuando tu trayectoria internacional era imparable y nuestra compañía iniciaba su Aventura multinacional con el grupo holandés VNU.

    En muy poco tiempo, tras la compra por parte del holding francés Publicis, tú llegaste a lo más alto de la responsabilidad creativa mundial del grupo y pusiste tu nombre a una de las trayectorias internacionales más notables de un profesional español: desde la presidencia de Vitruvio Leo Burnett en España, pasaste a la dirección creativa europea, para asumir como colofón la máxima responsabilidad creativa mundial del grupo de 2002 a 2006.

    En esos años de vorágine frenética, saltando de aeropuerto en aeropuerto, siempre sacaste tiempo para pelotear ideas, ayudarme a reflexionar y animarme a tomar decisiones arriesgadas -como aquella de recomprar la compañía a la multinacional y convertirme en empresaria independiente-, a compartir la aventura de lanzar nuevos proyectos e incluso a estrenarme como editora de libros, con ese precioso Tres mil años de internet, cuyo contenido parece inalterable en el tiempo.

     

     

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    Durante tus 50 años de profesión, además de tu acentuado gusto por la literatura, donde te manejas como pez en el agua entre novela, ensayo e incluso libros de texto, en más de una ocasión te tentó el mundo del periodismo y gracias a ello, nos has regalado multitud de artículos relacionados con nuestra industria creativa. Y unido a ese mundo informativo necesario como la vida misma, surgieron momentos complicados, que por supuesto volvimos a compartir juntos, y otros muy complicados, cuando las noticias eran malas y los ánimos de todos estaban crispados. Y ahí estabas tú, con esa clase que te caracteriza, siempre respetuoso con nuestra misión informativa, que comprendes al margen de nuestra inquebrantable amistad. Por cierto, como no podía ser de otra forma, Amistad que nada ni nadie consiguió enturbiar.

    En mi memoria, mil conversaciones que me hicieron comprender la importancia de los profesionales aquí y fuera de nuestras fronteras, a no ser crítica con la creatividad de otro, a conocer un poquito más del negocio de la comunicación comercial en todas sus facetas y de la emoción de esas primicias en el mejor estilo de garganta profunda y aquellas de «investiga por ahí, aunque esto no lo puedes saber», que fueron dando sentido a tantas cosas y, sin duda, me ayudaron a crecer como profesional y como persona. Generoso y el mejor amigo de tus amigos, sencillo y cercano, siempre has mantenido que aprendiste más durante tus estancias en Menorca, disfrutando del Mediterráneo en estado puro, que en todas las vueltas que dabas al mundo viajando como primer ejecutivo de la multinacional, porque «viajar sirve sobre todo para aprender, pero regresar sirve para recordar lo más importante».

    Hoy, cuando todavía no puedo asumir que nos hayas dejado, echo la vista atrás y recuerdo vívidamente esa primera conversación en el jardín de Vitruvio y la de hace tan solo unos días, antes de que la maldita Parca se encariñase de ti, menuda cabrona, cuando recolocamos el presente. Brindamos, como siempre,» por nosotros» y nos emplazamos para la siguiente entrega de tu artículo en la recién estrenada serie Las fronteras del presente, y como deberes, poner fecha definitiva a esa entrevista cara a cara que siempre estamos retrasando. Qué cruel es la vida, ¿o quizá no?, no intuimos los contados minutos que estábamos viviendo.

    Si te parece, querido amigo, dejamos todo en el tintero, pendiente para cuando nos volvamos a encontrar y brindemos de nuevo alegremente «por nosotros».

    PD: Por cierto, no te olvides del día de cierre, ya sabes que la imprenta no espera.