• Opinión

    Una o cien vidas

    A veces en la vida todo ocurre o deja de hacerlo por muy poco, ese poco puede ser un minuto, unos metros, un cambio de idea repentino. Y una insignificancia semejante te salva o te mata». La cita, que he...

      • Autor
      • Sonia Aparicio
    • 23 diciembre 2020
  • A veces en la vida todo ocurre o deja de hacerlo por muy poco, ese poco puede ser un minuto, unos metros, un cambio de idea repentino. Y una insignificancia semejante te salva o te mata». La cita, que he grabado a fuego en mis neuronas para no olvidar, es de Rewind (Juan Tallón, Anagrama, 2020), una de las novelas más impactantes de todo lo que he leído este año. A través de cinco narradores, víctimas y testigos de una trágica explosión en un piso de estudiantes de Lyon, Tallón explora, ya desde el título, esa idea que a todos nos invade cuando vivimos una experiencia terrible: la posibilidad de rebobinar para volver al pasado, de haber hecho otra cosa o haber tomado otras decisiones en un determinado momento. «La vida ocurre en minutos», dice uno de sus protagonistas, «esa es la medida».

    Hace casi un año que escuchamos por primera vez la palabra coronavirus y parece que hubiéramos vivido cien vidas desde entonces. Echen las cuentas de los minutos que han pasado desde la primera noticia en los medios; desde la primera víctima en España; desde el primer día de confinamiento; desde el inicio de la nueva normalidad□ 2020 quedará en nuestra memoria, en las hemerotecas y en los libros de Historia como el año del SARS-COV-2, siglas en inglés de Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2, el bicho que en los albores del siglo XXI causó una pandemia global para la que ningún país estaba preparado (cuando la mayoría de nosotros ni siquiera habíamos oído hablar del SARS-COV-1). Más de 70 millones de contagiados y más de un millón y medio de fallecidos en todo el mundo han provocado la mayor crisis sanitaria y la mayor recesión económica en 70 años. Somos vulneralbes. Más de lo que creíamos.

    Nunca antes el mundo occidental había vivido un periodo tan extenso de paz, prosperidad y crecimiento económico y social. Y en ese dulce momento nos encontrábamos cuando el coronavirus irrumpió en escena, hasta el punto de que la revista Time habla en su portada del 14 de diciembre de «el peor año de nuestras vidas». «La sociedad mundial se ha encontrado con un reto mayúsculo cuando más debilitada estaba por la frivolidad, el egoísmo y la puerilidad», escribía recientemente la periodista Rosa María Artal.

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    Tan anómalo ha sido este año, que hemos normalizado lo que hasta hace poco nos escandalizaba por inaceptable. Noviembre cerró con una media de 300 muertos diarios. Como si cada día se estrellara un avión. En Estados Unidos, el miércoles 9 de diciembre fallecieron por coronavirus más de 3.000 personas, una cifra que si ya es de por sí dramática, lo es todavía más porque supera la barrera psicológica de los 2.977 fallecidos en los atentados terroristas del 11-S.

    Termina este nefasto 2020 con la noticia esperanzadora de que la vacuna es por fin una realidad y el Banco de España ya ha revisado al alza sus previsiones. Una buena nueva, sin duda %todo será menos malo%, que no resta dramatismo al futuro más inmediato: no recuperaremos los niveles de crecimiento previos a la crisis hasta 2023.

    LA VIDA OCURRE EN MINUTOS

    Cuántos minutos aún por vivir cuando la recuperación económica pasa por el aumento del consumo en un momento en que los ERTE, los despidos y el cierre masivo de negocios y empresas han mermado drásticamente el ahorro y la capacidad de gasto de los hogares. 2023 queda aún muy lejos para miles de autónomos y pymes, que representan el 99,8% del total del tejido empresarial español;  el 53,6% son autónomos sin asalariados; el 39,9% microempresas con menos de 10 trabajadores; el 5,4%, pequeñas empresas con entre 10 y 49. Y según el Directorio Central de Empresas (DIRCE), las pymes crean el 66% del empleo en nuestro país.

    Nos acercamos a este final de año deseando exprimir al máximo cada minuto y recuperar el tiempo perdido. «¿Salvar la Navidad o salvar vidas?», escuchamos estos días en esta sociedad polarizada que no parece tener términos medios entre el blanco y el negro, el cero o el cien. Seguramente sea posible hacer ambas cosas si se aplica el sentido común, el sentido del límite, que el italiano Raffaele La Capria nos recuerda que no debe ser tan común cuando lo define como «el duendecillo intolerante y rebelde que se asombra sin cesar».

    «Es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites», dijo el maestro Gabriel García Márquez por boca de Florentino Ariza. Otra cita que me he grabado a fuego. Para recordar cada minuto, en cada metro y en cada cambio de idea repentino.

    Feliz Navidad. Cuídense.