La evolución social y cultural de los últimos años está directamente conectada con el cambio de enfoque de Mapfre, aseguran desde la compañía. La nueva identidad de la aseguradora nace de una realidad: las personas han cambiado y la forma en la que se relacionan con las marcas, también. “En un entorno en el que las expectativas se transforman a gran velocidad, no podíamos seguir comunicándonos como hace una década. Era el momento de actualizar nuestra identidad para reflejar quiénes somos hoy y hacia dónde queremos ir. Queríamos una marca más humana, clara y adaptable, capaz de expresarse con la misma fuerza en un agente local que en una app, en una oficina en Brasil o en una campaña global. Y para lograrlo debíamos simplificar, modernizar y hacer más coherente toda nuestra expresión, desde lo visual hasta lo verbal”, señala Juan Francés, director de marca y reputación de Mapfre. Dos años ha durado el proceso de reposicionamiento de Mapfre, un tiempo durante el cual se ha trabajado desde todas las áreas del grupo y desde todos los países donde la compañía opera para presentar algo más que un simple lavado de imagen. “Este rebranding [desarrolladom por Design Bridge and Partners] no es un cambio estético: es un cambio estratégico que refuerza nuestra ambición de estar más cerca, cuidar mejor y ser más relevantes en la vida de las personas. No estamos creando una nueva Mapfre, sino una Mapfre que se expresa de una forma más contemporánea, más sencilla y humana. Una marca alineada con la compañía que ya somos y con la que queremos seguir construyendo”, continúa Juan Francés.
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