Marçal se nos ha ido a los 89 años. Según mis cálculos, como tenía 32 años más que yo y trabajé con él hace ahora unos 32 años, pues eso, tenía mi actual edad cuando trabajamos juntos. Pongamos que 57.
Recuerdo la primera vez que le vi en las oficinas de Tandem DDB Needham Campmany Guasch en los bajos de Paseo Bonanova. Era la famosa primera M de MMLB. De esas agencias a las que llamando míticas contribuíamos a hacer grande nuestra profesión. Así que para mí, que estaba todavía en la edad de la inocencia, era un poco como estar delante de un famoso.
En aquella época de fusiones, absorciones y adquisiciones movidas por la prosperidad y no la necesidad, Tandem compró su agencia, Moliné Publicis. El cotilleo general era -y miren ustedes las vueltas que da la vida-, que dos ex empleados de MMLB, y por ende de Marçal, como Guasch y Campmany, habían acabado siendo los jefes de su antiguo jefe.
Así que toda la plantilla de Moliné Publicis se integró en la estructura de Tandem, saturando aún más el espacio de los despachos, problema que terminó cuando nos fuimos todos a la calle Enrique Granados con sus grandes oficinas y su enorme jardín.
Siendo Toni Guasch el alma creativa de Tandem, no sé muy bien cómo se hubiera organizado con Marçal para que la cosa fluyese, pero al fallecer Toni en aquel accidente de avioneta quedó un espacio vacío que Marçal ocupo de manera casi natural.
Así que Moliné pasó a ser el director creativo de Volkswagen y Audi, cuentas en la que un humilde servidor era un entusiasta copy junior.
Marçal era un teórico y un estudioso de la publicidad. Intelectualizaba tanto el oficio, que dejen que les sea sincero, a veces costaba entenderse con él, lo cual fue motivo de no pocas sublevaciones en el vestuario que luego Campmany sabía apaciguar. Aún así, grandes campañas de Volkswagen se gestaron en esa época. Al Cesar lo que es del Cesar.

Al cabo de un tiempo, Audi se separó de Volkswagen a nivel de cuentas y en la agencia se montó un equipo creativo que estaría formado por Marçal Moliné, Albert Chust -director de arte mítico- y el que les escribe. De este modo, Marçal dejaba de trabajar para Volkswagen, que pasaría a llevarla Fernando Macía -también en paz descanse-.
Marçal y Chust me doblaban en edad. Parecíamos el extraño trio. Y, además, Chust tenía muy mala leche. ¿Qué hacía yo allí? Yo quería estar en Volkswagen, que era más divertida. Ironías del destino, luego fue al revés, Audi fue la excitante.
Chust, con el tiempo, creo que acabó valorándome después de ningunearme como a ninguno. Y con Moliné acabé llegando a algo parecido al entendimiento. Lo cierto es que de aquella época salieron trabajos excelentes, entre ellos, el lanzamiento del nuevo Audi A4 en el que aparecía Richard Gere. O El domador de serpientes, para la tracción quattro.
Posiblemente, allí se gestó el embrión de lo que luego sería Audi.
Batallitas publicitarias aparte, Marçal fue siempre un hombre encantador, sabio y acogedor. Y aunque al principio nos costó mucho entendernos, ahora que tengo su edad, cada vez le entiendo más.
