Mirando hacia adelante, en este nuevo año 2022 bien se podría dar la tormenta perfecta. Esa en la que, y cito literalmente de filmaffinity: “Tyne y su tripulación salen a alta mar esperando poder recuperarse de la mala racha que están teniendo. A pesar de los partes meteorológicos, el capitán convence a sus hombres para adentrarse más en el Atlántico. No conocen la magnitud de la tormenta que les aguarda”. Pues no salimos de una ola y ya estamos en la siguiente, y así no hay forma de surfear. Se dan muchos puntos claves en este 2022 para los marineros, tripulantes y capitanes que vivimos de este mar que es la publicidad.
El primero, la deriva dramática que están tomando los indicadores macroeconómicos y con unas cifras de endeudamiento y paro astronómicos, junto a los precios de luz y combustibles. El segundo, el desfallecimiento o, como poco, duro desgaste y evidente cansancio de las pymes. El tercero, el lento crecimiento de las inversiones que, aunque buenas comparadas con el año innombrable acabado en veinte, no son suficientes para una rápida recuperación del sector. Hasta aquí lo atmosférico. Marejada, grado tres de la escala Douglas. Para lo más cercano a nuestra costa publicitaria hay grandes cambios que están sucediendo en este escenario de drama cinematográfico. El cuarto es la total implantación de las redes sociales y el reconocimiento del valor del contenido. La inversión en redes roza el reinado sobre los demás medios por primera vez en la historia. Otra cosa es sacarle partido. El quinto serían los datos. En un mundo de datos y analítica de todo, se comienzan a poner frenos legales, con razón. Y para muestra, una cookie. ¡Atención a la monster cookie de chocolate que nos acecha!, a ver qué tal sienta el nuevo menú marinero a la publicidad online, al oligopolio de Google y Facebook, a agencias, medios digitales y marcas.
La sexta ola es la de la digitalización de urgencia. Andábamos un poco remolones el camino digital cuando nos llevamos un zaskazo en modo de virus que nos hizo acelerar los procesos y procedimientos. Más vale tarde que nunca. El séptimo punto clave viene por el anterior, y es que, para digitalizarnos dependemos de perfiles que puedan ayudar a hacerlo. Expertos en data scientist, business data analys o sistemas cloud hay pocos o se están formando. No podemos esperar, pero para pescar hace falta mar, caña, peces y manos expertas que sepan dónde se agrupan los peces. No hay. El octavo, y ya acabo, es la inteligencia artificial. Las máquinas que controlan los datos y vomitan resultados matemáticamente son parte del futuro en el que las soft skills de los seres humanos se encuentran en franco debilitamiento, en parte por lo antes contado.
Y así es como estamos. ¿Recuerdan el momento de calma donde el capitán Tyne (el bueno de Clooney) respira y mira al cielo abierto porque se encuentra en el ojo del huracán, dando un respiro? Pues eso. Afrontamos el año en unas condiciones de fuerte marejada que fácilmente se puede convertir en mar muy gruesa y eso, queridos marineros, significa que posiblemente nos vamos a mojar mucho. ¡Suerte y a remar!
Mario Sánchez del Real, socio fundador y director general creativo de Peanuts & Monkeys