Opinión

Anuncios de mi vida

"La publicidad ha cambiado tanto que ya ni siquiera se estila llamar anuncios a los anuncios; aunque yo, mientras esta revista lleve esta cabecera, seguiré reclamando el nombre orgulloso"

El primer anuncio: el de que España, gracias a Contrapunto, ha ganado el primer Grand Prix de su historia. En la foto, Mariano, José Mari, Teo, Tomás, Luis… todos en el carrusel a la salida del Gran Palais con el resto de aquella magnífica tropa. Y yo, en Vips, leyendo la revista de extranjis, decidiendo que quería ser uno de esos. El segundo anuncio, el del primer concurso ganado junto a mi compañero (entonces no se decía dupla), Pablo. Mi primera ficha técnica y yo deseando salir más veces en letra impresa. Un anuncio de otro Gran Premio, este para Casadevall y Pedreño. Muchos anuncios de otras agencias que admiro y con las que compito ferozmente. Amor, odio y otra vez amor. ¡Qué intensidad se pone siempre en esto de los anuncios, madre mía! Muchas fichas técnicas después, el anuncio de cambios en la agencia y la llegada de otro Pablo. Y el anuncio de mi nombramiento como director creativo ejecutivo, junto a Antonio y César (“mira, mamá, ¡soy yo!”). Muchos anuncios de muchos anuncios, cuentas y premios durante muchos años. Yo, sufriendo, y yo, disfrutando. Se puede hacer las dos cosas a la vez; si me apuras, diría que ambos sentimientos se retroalimentan. Anuncios de fichajes y nombramientos en otras agencias, clientes o productoras, de tantos amigos que han crecido conmigo. El anuncio de una cosa rara llamada internet, que va a cambiar el mundo. El anuncio de más cambios y Pablo emprendiendo viaje en otra agencia con nombre de explorador valiente. Yo sigo aquí, con Carlos, Antonio, Carlos, Félix, Nacho y tantos otros, haciendo más anuncios. También el anuncio de que somos agencia del año en Sanse. Y mientras, ahí fuera, el anuncio de que el mundo iba regular tirando a pique y que nos agarráramos los machos. Los alarmantes anuncios de tanta gente buena saliendo de tantas partes, y de tantas agencias queridas cerrando. Y yo que creía que algunos nombres eran inmortales. El triste anuncio de que ahora me toca a mí irme. Pero muy poco después, el felicísimo anuncio de que abro Darwin junto a mis socios Nacho y Alberto. It’s evolution, baby. Los ilusionantes anuncios de las primeras cuentas y premios ganados. Y de repente, mi nombre al pie de una columna, aquí mismo, entremezclado con todos esos anuncios a mi alrededor. Me viene a la cabeza aquella tarde leyendo la revista en Vips, sin imaginar que algún día me leería a mí mismo en ella. Paradoja temporal: ¡hace tanto y hace tan poco! Me emociono recordando la foto del carrusel… Y de repente me llega el anuncio devastador de que Mariano se ha ido para siempre. ¡Puf! Pero la vida también es carrusel y debe seguir girando. Más anuncios. Entre ellos, el anuncio de nuestra fusión con Social Noise. O de que Nacho, Alberto y Carlos nos fusionamos con nuestro amigo Miguel. Lo recuerdo más así. El anuncio de otras agencias que abren: Rafa, Germán, Pablo y José Luis, y muchas más… La gente crece y monta agencias y, como son buenos, son agencias buenas. Así lleva pasando siempre. Más gente haciendo buenos anuncios. Pero, súbitamente, el peor anuncio del mundo: pandemia, dicen los titulares. Pero el carrusel no se detiene mucho tiempo. El virus se va, y los anuncios se quedan. Leo contento el anuncio de que Verne se une al carro de Darwin, y leo otros anuncios de muchas agencias buenas y muchos profesionales buenísimos, muchos de los cuales tengo la suerte de llamar amigos. Esto no para de dar vueltas. Pero ¡ojo!, leo el anuncio de que la inteligencia artificial va a transformarlo todo de nuevo. Bah… ¿quién dijo miedo? Pues nos transformamos otra vez. De hecho, la publicidad ha cambiado tanto que ya ni siquiera se estila llamar anuncios a los anuncios; aunque yo, mientras esta revista lleve esta cabecera, seguiré reclamando el nombre orgulloso. Así que paso las páginas —aunque sean digitales— y leo los anuncios de cada semana. Y ya van unas dos mil trescientas cuarenta semanas desde el primer número. Tela. Y unas mil ochocientas semanas desde aquella tarde veraniega en Vips. Telita. Casi mil ochocientas semanas cabalgando mi caballito en este carrusel en el que todos esos anuncios, agencias, marcas y profesionales han sido una parte fundamental de mi vida. Y lo siguen siendo. Y me doy cuenta, querido Anuncios de mi vida, de que tú has estado en el centro de todo, en el centro de este tíovivo que no para de girar. Y de que también tú has sido, y seguirás siendo, una parte importante de mí.

Carlos Sanz de Andino es socio fundador y presidente creativo de Darwin & Verne

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