De un tiempo a esta parte, parece que todo se está simplonizando. Netflix da directrices para que las películas duren poco, tengan diálogos redundantes sin subtexto, y los protagonistas verbalicen la trama -e incluso la acción- para que la gente no se pierda. Hace años, en Cannes, recuerdo a un director creativo amigo delante de una gráfica como quien se ensimisma ante un Matisse. Le pregunté qué...
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