
Belén Merino, responsable de marketing de Callao City Lights
Empiezan cuando cambio el sonido de las notificaciones por el de las olas y mi única preocupación es si he puesto bien la sombrilla. La playa no es un destino, es un estado mental: arena en los pies, sal en la piel y cero prisas en la agenda.
El plan ideal incluye chapuzones improvisados, siestas sin horario y ese arte tan infravalorado de no hacer absolutamente nada sin sentir culpa. Comer tarde, caminar sin rumbo por la orilla y perder la noción del tiempo hasta preguntarte seriamente si hoy es martes o jueves.
Desconectar, en realidad, es dejar atrás la versión estresada de uno mismo. Es reír más, pensar menos y aceptar que el único dilema del día sea si darme un baño en la piscina o en la playa.
Si vuelves con el pelo imposible, la piel un poco más tostada y la sensación de haber vivido despacio, entonces sí: han sido las vacaciones perfectas.
Susana Pérez, directora creativa ejecutiva de Proximity Madrid
A estas alturas del año, solo puedo soñar con unas vacaciones en las que no tenga que planificar nada. Ni organizar, ni decidir. Unas vacaciones de dejarme llevar y que me lo den todo hecho, incluido el destino.
Mi plan ideal consiste en cambiar el portátil por una pila de libros y leer hasta que me escuezan los ojos. Sin horarios, sin reuniones, sin urgencias y, si es posible, sin cobertura emocional para resolver problemas ajenos.
Quiero que lo único que me saque de mi abstracción sean mis hijos, ellos tienen una capacidad extraordinaria para encontrar interesantes cosas que yo habría pasado por alto, así que una parte importante de las vacaciones consiste en volver a descubrir el mundo a través de sus ojos.
Y hay un requisito imprescindible para que todo lo anterior funcione: que no surja ningún concurso veraniego. Porque, después de muchos años en esta profesión, he llegado a la conclusión de que el verdadero lujo no es un hotel espectacular ni una playa paradisíaca. El verdadero lujo es abrir el correo en agosto y comprobar que nadie ha decidido que ese era el momento perfecto para lanzar un pitch urgente.
Ismael Ledesma, director de proyectos y comunicación en Rosebud
Mis vacaciones soñadas estarían entre Benicàssim, mi hogar de verano familiar desde que nací; Formentera, para mí el mejor sitio del mundo; y algún lugar de Latinoamérica, como Colombia o la Costa de Oaxaca en México. Pero eso son muchas vacaciones y los publicistas, especialmente los que gestionamos cuentas, no tenemos tantas. Igual si fuera creativo... Así que nos quedaremos con Benicàssim, su FIB y sus tascas al atardecer.
En cuanto a los elementos que deben tener para que consigas desconectar: cuando te despiertas y no sabes qué día de la semana es, ahí es. Cosas necesarias: un bañador, unas chanclas (a veces ni eso) y un buen vino tinto, un punto fresquito. Unos días de “elige tu propia aventura” y otros tantos días de “hoy no voy a hacer nada”.
Y lo que sobra, seré poco original: no estar tan pendiente del móvil.
Aunque lo estoy trabajando y he mejorado en ello, no lo he conseguido todavía. Pero progresa adecuadamente.
Sonia Fernández, ‘chief transformation officer’ en Iki Media
Durante el año vivimos conectados a todo: reuniones, correos, chats, alertas, noticias y algún que otro incendio inesperado. Por eso, cuando llegan las vacaciones, mi principal objetivo es bastante sencillo: desconectar. No necesito grandes lujos ni destinos exóticos. Me basta con un lugar donde haya naturaleza, algún camino que recorrer, agua cerca y tiempo para hacer las cosas sin mirar constantemente el reloj.
Me gusta caminar, leer, comer bien, echar una siesta sin remordimientos y compartir tiempo con la gente que quiero. Y, por supuesto, disfrutar de la compañía de mi perra, que tiene una habilidad envidiable para vivir el momento y recordarme que no todo necesita una planificación perfecta.
Si, además, la cobertura falla un poco, mejor. No porque quiera desaparecer, sino porque a veces estamos tan pendientes de conectar con todo que se nos olvida conectar con nosotros mismos.
Al final, mis vacaciones soñadas son bastante simples: menos notificaciones, más conversaciones; menos pantalla, más paisaje; menos prisa y más tiempo para disfrutar de lo importante.
Este contenido se ha publicado en el número 1750 de 'Anuncios'





