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    Reflexiones creativas: Procrastinar

    Antonio Pacheco

    • Redacción 19 noviembre 2009
  • Debe ser porque en castellano es una palabra realmente difícil de pronunciar y de escribir correctamente, pero el caso es que los americanos la utilizan con mucha más asiduidad en su versión británica, obviamente: to procrastinate. Y es curioso que esto sea así porque procrastinar, créanme, es uno de los deportes nacionales más populares.

    Según la Wikipedia, ese María Moliner XXL de nuestro siglo, la procrastinación es la acción (o hábito) de postergar actividades o situaciones que uno debe atender, por otras situaciones más irrelevantes y agradables. Vamos, la historia de mi vida. Y de la suya también, querido lector, aunque sea en un pequeño porcentaje.

    Estoy convencido de que procrastinar es algo muy español. Y no es de ahora. El mítico artículo Vuelva usted mañana de Larra es de 1833 y clava el concepto. Les pondría un link por si aún no han tenido oportunidad de disfrutarlo, pero es lo que tiene el formato papel, que es regular de interactivo. Y que me dicen del gratísimo “venga, vamos a tomarnos la penúltima”. Procrastinación en estado puro.

    El problema es que antes procrastinábamos (y lo que nos gustaba procrastinar) con las cosas pequeñas: “¿esto se presenta el jueves? Nada, nada, nos ponemos el lunes y ya está, que hay tiempo de sobra” ,“tengo que estudiar para este examen, bueno, venga, me veo tres episodios más de Los Simpson y me pongo”, “el lunes empiezo el régimen. Esta vez sí que sí”… y, ahora, procrastinamos con todo. Incluso con nuestra vida en general.

    Este finde he leído, por ejemplo, que el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha predicho rappelísticamente que “la tendencia de dejar de destruir empleo se podría empezar a ver a partir de la primavera que viene. Sin embargo, la condición previa para generar empleo es que la economía salga de la recesión, algo que no se producirá hasta el segundo semestre de 2010”. Y a eso estamos esperando todos, procrastinando nuestras existencias hasta que alguien dé el pistoletazo de salida al siguiente capítulo de nuestros culebrones personales, titulado Por fin todo vuelve a ser como antes.

    Bueno, pues dos cosas. Lamentablemente (o afortunadamente, que cada uno habla de la feria según le va en ella) nada va a volver a ser como antes. O sea, que el concepto yo me quedo aquí quietecito hasta que escampe, se recuperen las inversiones en marketing que había antes del batacazo y luego me planteo mi futuro profesional, está muy bien, pero es perder tres años de tu vida, como poco. Y la otra cosa es que, gracias por sus ánimos, Sr. Corbacho, pero en octubre de 2008 ud. también se marcó un octavioaceves de libro con “estoy convencido de que la crisis financiera está próxima a finalizar”, con lo que comprenderá que no apueste ni 5 pavos porque en julio del año viene salgamos de pobres.

    Todo es el año que viene. Todo empieza a funcionar en 2010. ¿Y si no funciona? ¿Lo dejamos todo para 2011 y así sucesivamente? El problema del procrastinar es que es adictivo. Y te bloquea. Todo lo acabas dejando para luego. Y acabas no haciendo nada y cabreado contigo mismo por no hacerlo.

    Contrición

    En cualquier caso, no es la intención de esta columna levantar la liebre sin plantear soluciones a los problemas que en ella se debaten. Así que si procrastinan ustedes en demasía, me hacen un acto de contrición y me oran esto según convenga:
    “Yo, procrastinador, confieso ante Crispin Todopoderoso y ante vosotros hermanos que he procrastinado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a los briefings siempre vírgenes, a los flyers, a los virales y a vosotros hermanos que intercedáis por mí ante Cannes, Nuestro Señor”.

    Y también es verdad que si no hubiera procrastinado esta columna hasta bastante más allá de la fecha límite de entrega, me hubiera salido bastante mejor. Pero es lo que hay. Uno es procrastinador de nacimiento.

    pacheco@anuncios.com

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