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    Una reflexión de Miguel García (Transparentmedia) sobre Facebook y Cambridge Analytica

    Una reflexión sobre el escándalo ocasionado por la filtración de datos de unos 50 millones de usuarios de la red social

    • Redacción 26 marzo 2018
  • Miguel García, actualmente socio fundador de Transparentmedia y profesional de larga trayectoria en el mundo de las agencias y los medios, escribe para Anuncios una primera reflexión sobre el escándalo ocasionado por la filtración de datos de unos 50 millones de usuarios de Facebook a la empresa Cambridge Analytica.

    La información y el ruido generado en los últimos días al hilo de la noticia del supuesto mal uso de datos de usuarios de Facebook a manos de la compañía Cambridge Analytica, me llena de sorpresa, y casi de estupor, por varias razones. En primer lugar, por el enorme impacto económico que ha tenido en el valor de la acción de Facebook. En segundo lugar, por la ingenuidad con la que muchas veces nos enfrentamos a las cosas que hacemos en nuestra vida. Me refiero en este caso concreto al poco análisis que dedicamos cuando aceptamos el uso de determinadas plataformas totalmente gratuitas para el consumidor, que nos prestan un servicio más o menos valioso, según para quien, pero ni nos cuestionamos el modelo de negocio de ese servicio, ni siquiera cuando sabemos que su valor en bolsa es absolutamente increíble. Además, solemos aceptar cualquier aviso por parte de las mencionadas plataformas, prácticamente si leerlo, de casi cualquier cosa, interpretando ingenuamente que no nos hará daño. Hasta que un día descubrimos que sí puede hacernos daño. Y entonces nos quejamos amargamente de lo malos que son al haber usado nuestros datos para algo concreto que repentinamente no nos gusta. Que Facebook (o WhatsApp o cualquier otra red social) hace negocio con nuestros datos no debería ser una sorpresa, ¿no? Lo lleva haciendo años. Y su valor en bolsa subía, y subía. Hasta que, de repente, sale a luz que esos datos han sido utilizados para algo supuestamente malo: para influir en unas elecciones a la Presidencia de los Estados Unidos.
    La publicidad, en todas sus formas, está inventada para eso: para influir en nuestras decisiones. Unas veces para que compremos un determinado producto o servicio, y otras para que inclinemos nuestro voto en unas elecciones a favor de uno u otro candidato.
    En tercer lugar, ya sabemos que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. ¿Nos vamos a sorprender ahora? Desgraciadamente nuestra historia está llena de maravillosos inventos o descubrimientos, cuyo objetivo inicial podría ser un enorme bien para la humanidad, y que acabaron, desgraciadamente, siendo un peligro descomunal. Por poner un ejemplo tonto, el ser humano al ser capaz de crear el fuego dio un salto cualitativo en su bienestar importantísimo, pero algunos desalmados lo usan para quemar bosques con fines lucrativos personales. O si alguien les hubiese dicho a todos esos maravillosos investigadores que trabajaron en la energía nuclear, que el final de todo su conocimiento iba a ser la bomba atómica…
    Las comparaciones son odiosas, pero con los datos en el mundo publicitario pasa algo parecido: el fin es bueno, ya que pretende que la información publicitaria que recibimos sea más personal, y por tanto adaptada a nuestras necesidades específicas en cada momento. A cualquiera de nosotros nos parece un poco intrusiva y cansina la publicidad de un seguro para el coche si acabo de renovar mi póliza, y tengo todo un año por delante para tomar la próxima decisión. Pero si estoy investigando para comprar coche nuevo, las ofertas de seguros que me llegan durante ese periodo hasta me pueden resultar interesantes. Pero siempre habrá desalmados que quieran hacer mal uso de esta información con fines oscuros. Se trata, como casi siempre en la publicidad, de poner un tercero imparcial que trate de impedir el mal uso de algo tan valioso como nuestros datos.

    Impacto en el mercado

    Y, por último, la gran pregunta es qué impacto y qué consecuencias puede tener todo este follón en el futuro de Facebook. Parece claro que los que se han asustado bastante son algunos de sus accionistas. Pero, ¿se asustarán los usuarios de la plataforma? ¿Y los anunciantes? Honestamente, y con mucha precaución y humildad, me atrevo a decir que no. Que no tendrá impacto. Porque a los usuarios les importa poco, en general, y porque creo que los anunciantes saben desde hace mucho tiempo que Facebook usa los datos para optimizar las campañas de los propios anunciantes. Y, en general, también creo que el uso de los datos es beneficioso para la propia Industria publicitaria, siempre que se usen para bien. Y quizás deberíamos exigir más transparencia y claridad en qué datos se usan y para qué.
    En resumen: Todos sabemos lo que hay, no hemos hecho nada, ¡¡¡y ahora a quejarnos!!!
    P.D.: Yo no tengo perfil de Facebook, ni WhatsApp, aunque ya sé que esto no sirve tampoco de nada…

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      • Redacción