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    Lo que ‘Get back’ nos enseña sobre el proceso creativo

    José Luis Moro, fundador y director general creativo de Pingüino Torreblanca, escribe este artículo en exclusiva para ‘Anuncios’

    • Redacción 12 enero 2022
  • Acabo de terminarme el documental de Peter Jackson sobre la grabación del penúltimo disco de los Beatles. A mí me ha encantado. Es cierto que a veces se hace largo, pero es un documento impresionante, un reality show concebido muchos años antes de que se popularizaran los reality shows. Y más allá de disfrutar viéndolo, he reconocido en él muchas cosas que vivimos recurrentemente quiénes nos enfrentamos a diario al reto de crear algo. Aquí va una pequeña lista de ellas:

    • Es divertido pero no es divertido. En “Get back” hay cientos de minutos de risas, en los que los chicos de Liverpool pierden el tiempo cantando canciones de otros o haciendo versiones bufas de las suyas propias, diciendo tonterías o bromeando sobre su Road Manager. Todos esos momentos parecen no aportar nada al proyecto, pero son imprescindibles para liberar la mente, salir de la ruta marcada e introducir un poco de locura en la habitación. Por otro lado, también abundan los ratos de desánimo, en los que tienes la sensación de que no estás encontrando lo que buscas y la tentación de abandonar es grande. En el documental también se ve eso de continuo.
    • A veces, las primeras ideas son las mejores. Esas que surgen nada más recibir el briefing y frecuentemente descartamos pensando que si han aparecido tan rápido no pueden ser tan buenas, o que seguro que ya se le han ocurrido a otro. Pues no, no siempre es así, por eso es crucial estar alerta ante esas puntas iniciales y evitar que se pierdan. En los primeros instantes de la película de Peter Jackson, John Lennon canturrea algo llamado “The road to Marrakesh” sin que nadie preste demasiada atención. Esa melodía se convertiría dos años más tarde en “Jealous guy” una de las mejores canciones en solitario de Lennon.
    • Qué importante es tener a alguien que te ayude a centrar el tiro. En publicidad, esa es la labor del planner o puede que más aún, de Cuentas. Los creativos somos expertos en divagar y olvidarnos constantemente de la razón por la que nos hemos sentado a pensar. Eso no es malo en absoluto, si no voláramos tan lejos no seríamos capaces de encontrar soluciones tan diferentes, pero también es necesario contar con figuras que te recuerden cuál es el camino. Al principio de “Let it be”, el grupo está un poco perdido con el proyecto, no acaban de ver claro qué están haciendo allí. Hay una intervención de Paul McCartney en la que recuerda que cuando Mr. Epstein – refiriéndose a Brian Epstein, su manager fallecido en 1967 – aún vivía, él les decía lo que tenían que hacer y todo era mucho más fácil. “Nos decía: poneos un traje, y lo hacíamos”. Ese es el trabajo de Cuentas, sujetar bien la cuerda de la cometa para que no desaparezca en la estratosfera.
    • No desprecies ninguna idea de nadie. Un “No” radical puede desmotivar completamente a la persona del equipo que lo recibe. Tengo la sensación de que eso le ocurre a George Harrison, cuando propone “I me mine”, una de sus composiciones; nadie parece tomársela demasiado en serio y eso echa gasolina a la crisis que el grupo tiene en la primera parte de la grabación.
    • Incorporar un invitado a la mitad del proceso, sobre todo cuando hay cierto punto de estancamiento, puede ser una excelente idea. Compartir con esa persona lo que hay hasta ese momento, incluso esos caminos que parecían prometedores pero se han medio abandonado porque no acababan de cerrar. Muchas veces, el simple hecho de escuchar a esa persona que llega fresca contar con sus palabras lo que le acabamos de contar nosotros, nos ayuda a entender su verdadero valor. En el documental, la incorporación de Billy Preston, el teclista que la banda había conocido durante su estancia en Hamburgo en el 62, ilustra perfectamente esto. Los Beatles llevan una semana tocando canciones como Get back o Don´t let me down y tienen la sensación de que les falta algo. La sonrisa instantánea que aparece en la cara de los cuatro cuando vuelven a interpretarlas con Preston al piano, lo dice todo. De repente se dan cuenta de lo buenos que son esos temas.
    • Por el contrario, incorporar a alguien que no aporta absolutamente nada, es del todo desaconsejable. No sé como Paul, George y Ringo pudieron aguantar todos esos días viendo a Yoko Ono pegada permanentemente como un piojo a John sin justificación alguna. Por no hablar de cuando coge el micro y se pone a gritar. No, Yoko, el punk no lo inventaste tú.
    • La palabra “imposible” debería estar prohibida. Esto es fácil decirlo y luego las cosas son más complicadas, pero nunca deberíamos desechar ideas sin más, porque se salen de presupuesto, no hay tiempo suficiente para producirlas o sencillamente, porque son ilegales. Merece la pena dejarlas un rato sobre la mesa y tratar de encontrar otra forma de llevarlas a cabo. O simplemente echarle huevos. Hacer un concierto en la azotea de un edificio de Londres probablemente incumplía un sinfín de normas. Arriesgarse mereció la pena.
    • Por último, participar en la creación de algo nuevo es una de las mejores experiencias que existen. No hay más que ver las caras de felicidad de los miembros del grupo cada vez que una canción suena bien o cuando aparece la policía mientras dan el concierto en el tejado.
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