Podríamos acabar este editorial en una sola frase, que sería la siguiente: una vez más un Gobierno, o si queremos, la clase política, por darle más continuidad al concepto, quiere justificar su fracaso ante un problema social de importancia responsabilizando de él a la publicidad. Podríamos, pero el caso de Burger King y la campaña de las hamburguesas gigantes es un ejemplo tan palmario de ello, que dejarlo pasar si utilizarla como demostración sería una torpeza.
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