El futbolista Ferran Torres es el protagonista de la nueva campaña publicitaria de Vicio, aunque su rostro apenas se ve. Y es que la marca ha decidido esconder la cara del futbolista detrás de una de sus hamburguesas para expresar de manera literal que, en su comunicación, el producto está por delante de todo, incluida la celebridad elegida como reclamo.
La campaña, ideada y desarrollada por la agencia Fuego Camina Conmigo, da la vuelta a los códigos habituales de las colaboraciones entre marcas y personajes famosos. En lugar de situar al deportista en el centro de la imagen y aprovechar su notoriedad como principal argumento, Vicio coloca la hamburguesa en primer plano y relega al futbolista a una posición secundaria.
El planteamiento responde al objetivo de reforzar el protagonismo del producto sin renunciar a la capacidad de atracción de una figura reconocible. Ferran Torres se convierte así en el soporte de la idea creativa, pues, aunque está presente, su imagen queda deliberadamente eclipsada por aquello que la marca quiere vender.
“Taparle la cara a Ferran Torres con una burger es probablemente la idea más estúpida que hemos tenido en Fuego. Por eso había que hacerla”, explica Uri Fernández, director creativo ejecutivo de la agencia.
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Una celebridad al servicio del producto
La propuesta ironiza sobre las campañas en las que la notoriedad del personaje contratado termina imponiéndose sobre la marca o el producto anunciado. En este caso, Vicio invierte esa jerarquía visual para conseguir que la hamburguesa ocupe el lugar reservado habitualmente a la estrella.
La elección de Ferran Torres permite, además, ampliar el alcance de la comunicación a partir de la popularidad del futbolista. Sin embargo, el verdadero foco de la campaña no se encuentra en su condición de deportista, sino en lo que la marca hace con su imagen: ocultarla cuando lo habitual sería mostrarla de la forma más reconocible posible.
Según Dani Manero, chief brand officer de Vicio, la campaña responde a la idea de “hacer que lo difícil parezca fácil” y funciona también como “una ironía hacia las campañas donde el talent eclipsa al producto”. El directivo considera que la propuesta encaja con el tono de comunicación de la compañía y con el planteamiento recibido por la agencia.





