Apreciada Anuncios:
Lo digo por experiencia propia. Cuando uno cumple 45 años empieza a mirar atrás con cierta perspectiva. A veces con nostalgia, a veces con orgullo… y otras con un poco de acidez. Esa misma acidez que nos da ver cómo ha evolucionado esta industria desde que tú naciste: de un ecosistema donde la creatividad tenía alma a un presente donde parece que la inspiración se mide en KPIs y la estrategia cabe en un dashboard.
Por eso hoy quería escribirte. Porque entre tú y yo (y muchos otros articulistas) hemos visto cómo este sector se ha ido volviendo más frío, más digital, más eficiente… pero también más olvidadizo de aquello que lo hacía brillante. Y en ese proceso, tú y yo hemos crecido paralelamente: tú narrándolo, yo viviéndolo (y escribiéndolo contigo).
Cuando empecé a colaborar contigo, la publicidad aún tenía algo de magia. No sé si porque fuese mejor o porque tenía menos miedo a equivocarse. Había más intuición, más ingenio humano, más esa chispa que no se puede meter en una hoja de Excel. Tú lo contabas desde tus páginas, y yo lo vivía desde mis aventuras profesionales: research, anunciante, agencia, consultora… cada etapa con su propia dosis de caos, presión y chispa.
Y después llegó la gran ola digital. Una ola que prometía revolución, precisión, personalización y eficiencia. La ola que iba a convertir el marketing en una ciencia exacta y tecnológica. Y vaya si lo intentó: modelos, algoritmos, programáticas, funnels, metaversos, IA. Todo muy moderno, sí. Todo muy medible. Todo muy… aséptico … vacío … negro.
No niego que la digitalización trajo muchas cosas buenas. Pero también se llevó por delante otras que nadie debería haber dejado escapar: la creatividad como arte, no como ingeniería; la estrategia como pensamiento profundo, no como presentación de veinte slides; la marca como construcción paciente, no como sprint semanal; el valor a largo plazo, enterrado bajo la urgencia del “para ayer”.
Tú y yo hemos escrito mucho sobre eso. Tú, con tus entrevistas y reportajes; yo, con mis columnas medio filosóficas, medio gruñonas. Desde ti, fui viendo cómo este sector empezaba a confundir precisión con relevancia, data con conocimiento, impacto con eficacia. Y tú, en tu manera elegante, siempre dejabas entrever que quizá estábamos perdiendo algo esencial mientras ganábamos practicidad.
Mis artículos contigo se volvieron más críticos conforme el sector se volvía más táctico. Más escépticos conforme se multiplicaban las promesas tecnológicas. Más insistentes en recordar lo básico: que sin estrategia no hay marca; sin marca no hay futuro, y sin creatividad no hay nada que contar.
Y, sin embargo, siempre me dejaste un espacio para pensar en voz alta. Pude seguir siendo ácido y sincero, pesado con mis teorías sobre la construcción de marca y la epidemia del cortoplacismo. Me acompañaste, como se acompaña a alguien que sabes que aún cree profundamente en este oficio, por más que a veces reniegue de él.
Porque, a pesar de todo, yo sigo creyendo. Y tú también. Sigo creyendo en la estrategia bien pensada. En la creatividad que sorprende. En el insight que hace clic. En la marca como brújula, no como excusa. En la comunicación que emociona, no solo que optimiza.
Creo que, después de este viaje lleno de idas y venidas, Anuncios, tú y yo seguimos aquí por lo mismo: porque aún confiamos en que la publicidad puede ser mejor que sus modas, que la tecnología es un aliado, pero no un sustituto, y que el futuro no tiene por qué ser un lugar sin alma.
Así que felicidades por tus 45 años. Felicidades por seguir siendo ese espacio donde aún se puede hablar de lo esencial. Felicidades por no haberte dejado arrastrar del todo por el ruido. Y gracias por permitirme, durante tanto tiempo, acompañarte en esta reflexión compartida sobre lo que somos, lo que fuimos… y lo que aún está por ser.
Sigamos escribiendo juntos. Pero con cabeza. Y, sobre todo, con alma.
Con admiración, cariño y esperanza,
Jordi.
Jordi Guix es 'marketing lead southern Europe' en Worldpanel by Numerator

